Nuevos cristianos en nuestra diócesis
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Mons. Francisco Gil Hellín
La semana pasada un diario local publicaba la noticia de tres adolescentes que habían recibido el Bautismo en la parroquia de Belorado en la última Vigilia Pascual. Ese mismo día ocurría otro tanto en diversas parroquias de la diócesis, tanto de la ciudad como de otras poblaciones. Además, en el caso de la parroquia de Quincoces de Yuso, no era un adolescente sino un joven de más de veinte años el que recibía las aguas bautismales.
No siempre es posible celebrar el bautismo en la Vigilia Pascual, aunque es el momento óptimo para hacerlo. Por eso, a lo largo del Tiempo de Pascua varias parroquias celebrarán el bautismo de niños y adolescentes comprendidos entre los nueve y quince años. A ellos se unirán, más adelante, otros niños y jóvenes que se están preparando para dar ese paso fundamental. Como suele ocurrir en las demás diócesis de España, predominan los hijos de inmigrantes, pero cada día son más los que han nacido en la diócesis y no fueron bautizados al poco de nacer y luego piden el bautismo a la edad de la primera comunión.
Es un fenómeno nuevo. Previsiblemente no sólo no desaparecerá en los próximos años sino que aumentará notablemente, como fruto de la secularización y, a la vez, del aumento del espíritu apostólico y misionero de nuestras comunidades. Es lo que ha ocurrido en diversas naciones de Europa. En Francia, por ejemplo, en la última Vigilia Pascual recibieron el Bautismo unos tres mil adultos. Es una cifra muy similar a la de los últimos cinco años. La mitad de ellos vienen de familias culturalmente católicas pero sin fe, que por razones ideológicas de diverso tipo no han mantenido ninguna relación con la Iglesia Católica. Sin embargo, más de quinientos proceden del ateísmo y un número significativo eran musulmanes o de otras religiones.
En Hong Kong también se han bautizado unos tres mil quinientos adultos, hombres y mujeres. El ritmo de conversiones y bautismos va in crescendo, lo que ha provocado que en veinte años la comunidad cristiana haya crecido en más de cien mil. En esa iglesia juegan un papel muy importante las cerca de trescientas escuelas católicas, las cuales, a pesar de las dificultades del gobierno comunista, tienen una autonomía desconocida para el resto de China. Ellas hacen la primera presentación de la fe cristiana a quienes no conocen a Jesucristo. En África el número de adultos que se bautizan cada año es mucho mayor. Lo que explica el crecimiento exponencial de los católicos en ese prometedor continente.
Confrontando estos datos con los de nuestra diócesis la diferencia es muy grande. Es una suerte que así sea, porque eso indica que el cristianismo sigue estando muy arraigado en estas tierras y que los padres llevan a bautizar a sus hijos al poco de nacer. Pero sería una grave irresponsabilidad no percatarse de que también aquí se deja sentir, cada vez más, la indiferencia religiosa y el aumento de los no bautizados. Pienso que es una oportunidad de gracia que Dios nos ofrece para revitalizar nuestra fe y crecer en afán apostólico y misionero. Los familiares y amigos de quienes todavía no son cristianos tienen ante sí un apasionante horizonte para presentarles la fe en Jesucristo, tanto con un testimonio de vida convincente como con sus palabras. La experiencia atestigua que, cuando existe ese espíritu en la transmisión de la fe, surgen las conversiones y los bautismos.
Como Pastor de la diócesis agradezco a todos: sacerdotes, religiosos y seglares el interés que estáis poniendo en dar respuesta a esta nueva realidad y os animo a impulsar el gozo de comunicar nuestra fe a los no bautizados. Añadiría que, si alguno de los que lean estas líneas, desea recibir el Bautismo o conoce alguna persona que se encuentre en esa situación, puede acercarse a su parroquia, donde los sacerdotes les informarán con detalle y precisión.
Mons. Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos