Mes de los santos

Mes de los santos

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Queridos amigos: el mes de noviembre es el mes de los santos.

Hace dos días ce­lebrábamos en toda la Iglesia la solemnidad de Todos los Santos y al decir de todos los santos es de todos, no solo de los santos famosos, que ya han sido reconocidos oficial­mente por la Iglesia como tales en la canonización de los mismos, porque han demostrado que ellos vivieron en grado heroico y extraordinario las virtudes cristianas.

En la celebración de Todos los Santos, como dice el papa Francisco, celebramos también a los "santos de al lado"; tantas personas que vivie­ron cerca de nosotros, en la casa de al lado, pero que en su vida trataron de ser fieles a lo que el Señor les pe­día en todo momento. Personas or­dinarias, que eran nuestros vecinos, que no hicieron ni grandes milagros, ni fueron unos "fuera de serie", sino buenos creyentes que en su vida tra­taron de responder a lo que Dios les pedía en cada momento de la vida ordinaria.

Son esas personas que se empeña­ron en vivir la caridad con los demás, esforzándose en quitar toda crítica destructiva, personas que supieron escuchar cuando alguien quería des­ahogarse con un problema, o que se sentían angustiadas por determina­das cosas y sabían escucharlos; per­sonas que rezaban para que el Señor les ayudase y cuando se encontraban en la calle con alguien que les necesi­taba se volcaban, le trataban con res­peto, dialogaban con dicha persona y la ayudaban en lo que podían.

Estos son los signos que el papa Francisco en su exhortación Gaudete et exsultate pone como signos y cami­nos de santidad.

Todas estas personas que se es­fuerzan en vivir su vida desde la fe, que tienen la ley de Dios como la norma más importante de su vida, personas que, aunque a veces tengan fallos, sin embargo, nunca pierden el "norte de la fe y de Dios".

También por todas esas personas celebramos el día de Todos los San­tos, lo mismo que a todos los otros aún más cercanos, los de nuestra propia casa, los de nuestras propias familias: nuestros abuelos, nuestros padres, para quien Dios significó tan­to en su vida, que en todo momento lo tenían presente, que le rezaban y nos enseñaron a nosotros a rezar y a valorar a Dios en nuestra vida. Su acción en nosotros siempre es un mo­delo y un testimonio de fe que ha pe­sado tanto después en nuestra vida; transmisores de la fe con su ejemplo que ahora recordamos con cariño y que tanto nos ayudan en nuestra vida cristiana.

De ellos aprendimos a ser perso­nas honradas porque ellos lo eran, personas sinceras, respetuosas con los demás, que compartían lo que tenían con los más necesitados, que acogían a quienes los busca­ban para hablar con ellos. De ellos apren­dimos a querer a Dios y conocimos el amor que Dios nos tenía a nosotros.

Por todos ellos, cuando hemos celebrado su día, le damos gracias a Dios por lo mucho que aprendimos de su vida y testimonio y porque, gracias a ellos, a su fe y a su testimo­nio y, por supuesto, a la ayuda de Dios que nunca nos falta, hoy somos lo que somos y creemos en el Señor como algo muy importante en nues­tra vida.

Sabemos que los tenemos a ellos como intercesores que, desde el cielo, interceden por nosotros y nos ayu­dan a no olvidar lo que aprendimos de ellos y a recordar siempre lo que Dios nos pide y lo que nos ayuda.

Ellos son también para nosotros una llamada constante y permanente a imitarlos en sus valores, en su vi­vencia cristiana, en su fe y amor al Señor.

El recuerdo de su estilo de vida actualiza en la nuestra lo que el Se­ñor nos pide en las Bienaventuran­zas como seguidores suyos. Ellos nos dan fuerza y nos animan a reprodu­cir en nuestra vida el estilo de vida y de persona que descubrimos en ellos.

Feliz mes de todos los santos.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real