El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

4 min lectura

Mons. José Mª Yanguas Queridos diocesanos:

El miércoles pasado, una vez finalizadas las catequesis semanales sobre la Iglesia, el Santo Padre ha iniciado un nuevo ciclo que esta vez tendrá a la familia como tema central. Pienso, pues, que es el momento de concluir estas reflexiones semanales mías sobre el matrimonio, base de la comunidad familiar. Todos juntos prestaremos ahora atención a las enseñanzas de Papa Francisco. Más adelante tendremos quizás ocasión de volver sobre este tema, tan decisivo para la vida de la Iglesia.

Concluiré fijándome hoy en el matrimonio como sacramento. Decíamos la semana pasada, e insistíamos en ello, que el matrimonio pertenece a las realidades que llamamos "naturales", aquellas que tienen como autor al Dios creador, el cual las ha dotado de una naturaleza que en su estructura íntima, en sus leyes fundamentales nadie puede cambiar, a menos que quiera encontrarse entre las manos una realidad distinta. Quiero decir, el matrimonio es como Dios lo ha instituido o no hay verdadero matrimonio.

Pero según la doctrina de la Iglesia, y según la voluntad de Jesucristo, el matrimonio es, además, un sacramento, es decir, un signo eficaz de la gracia. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica citando el canon 1055 § 1 del Código de Derecho Canónico: "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados". El amor mutuo ente varón y mujer se hace imagen del amor "absoluto e indefectible" con que Dios ama a los hombres. Como hemos tenido oportunidad de recordar, el matrimonio es una comunidad de vida y amor, un amor fiel, indisoluble, uno y abierto a la vida. Pues bien, en la economía sacramental, Dios ha querido también que el matrimonio fuera imagen, signo, del amor de Dios al hombre, subrayando, de ese modo la radical bondad del matrimonio. El verdadero amor de los esposos remite al amor de Dios por la humanidad.

Como base de la doctrina sobre la sacramentalidad del matrimonio, la tradición cristiana recurre a las palabras del Apóstol a los Efesios (5, 25-26, 31-32): "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo, para santificarla (?). Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia". El analogado principal de la unión esponsal es la que se da entre Cristo y la Iglesia: la entrega total, la donación de Jesucristo a su esposa la Iglesia, que pide como contrapartida la total entrega de la Iglesia a su esposo. El matrimonio entre varón y mujer es imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia. La calidad de la imagen o del signo depende de que reproduzca más o menos la realidad de lo significado, en este caso el amor total, exclusivo, perfecto entre Cristo y su Iglesia.

Como todo sacramento, el matrimonio es signo eficaz de la gracia; causa lo que significa, pues perfecciona el amor de los esposos y, por lo mismo, fortalece su unión, ya que el amor dice ante todo comunión. Cuanto más acendrado es el amor, más estrecha es la unión. Como dice el Concilio Vaticano II: "el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos"; y el Catecismo de la Iglesia glosa esta idea diciendo: "Permanece con ellos, les da fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutualmente, de llevar unos las cargas de los otros, de estar sometidos unos a otros en el amor de Cristo y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo". Gracias al sacramento del matrimonio, Jesucristo hace participar a los cónyuges en el amor que Él nutre por su Iglesia.

El misterio del amor esponsal entre Cristo y su Iglesia esclarece así el misterio del matrimonio y éste, a su vez, introduce en la comprensión de la relación Cristo-Iglesia.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca