El mensaje semanal del Obispo de Cuenca
El mensaje semanal del Obispo de Cuenca
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. José Mª Yanguas Queridos diocesanos:
Está a punto de comenzar para muchos el tiempo de vacaciones. Millones de niños de nuestras familias gozan ya de ellas, y a lo largo de los próximos meses veraniegos lo harán millones de familias españolas. Pienso que es útil que reflexionemos unos momentos sobre este tiempo de descanso con el fin de afrontarlo con las debidas actitudes.
Este tiempo de ocio no significa de ningún modo pura y simple inactividad, ausencia de ocupación y entrada en una especie de nirvana, como una suerte de desentendimiento de todo lo que hay a nuestro alrededor, o desinterés, buscado y procurado, por todo lo que pueda suponer un mínimo esfuerzo. Se caería así en el error de pensar que la simple inactividad descansa, cuando en realidad suele ser causa de tedio y aburrimiento, de un cansancio fruto, paradójicamente, de la desocupación interior. La experiencia de una tarde pasada pasivamente ante el televisor, sin más intención que dejar correr el tiempo, nos hace ver cómo al final nos sentimos invadidos de un cierto fastidio y cansancio. La simple inactividad, no es en modo alguno, repito, sinónimo de descanso.
El necesario descanso se logra más bien con una actividad controlada, con un cambio a ocupaciones que nos resultan agradables, como el cultivo de aficiones, a las que quizás no podamos dedicarnos en otros momentos; un ritmo de vida más sosegado; un tiempo dedicado al reposo que nos ayude a recuperar fuerzas perdidas; algo de deporte que tonifique el cuerpo. Pero es el campo del espíritu el que requiere seguramente mayores cuidados en un tiempo caracterizado con frecuencia por trabajos que producen stress, sea por la atención que requiere, por la intensidad que exigen o por la presión interior a la que someten. Es tiempo por eso de lectura serena para ampliar o mejorar la propia cultura, de conversación distendida, de contemplación de la naturaleza, de turismo inteligente.
Pero el periodo vacaciones es tiempo especialmente propicio para dedicar más espacio y atención a la familia y a las amistades. La escasez de tiempo durante el año, las urgencias y tensiones, hacen que resulte más difícil cuidar la vida de familia y vivirla con la paz y la calma convenientes, para atender a las peculiaridades de cada uno, interesarse con más calma por su situación, o, simplemente, para dialogar sobre temas de común interés. Ahora podemos hacerlo.
No en última instancia, el tiempo de vacaciones debe servir para facilitar un trato con Dios sin prisas y un cultivo más intenso de la vida interior, una serena vivencia del domingo, el día del Señor. Las vacaciones pueden ser consideradas como una extensión del descanso dominical, caracterizado por la alegría propia de la fiesta, de la reflexión serena, del silencio y la paz de la oración, del servicio a los más necesitados, a los enfermos, a los que requieren calor humano y compañía.
Estoy seguro de que si vivimos así este tiempo de descanso, servirá como momento necesario para restaurar fuerzas, será medio para retemplar el espíritu, ocasión para mejorar nuestra relación con Dios, con la propia familia y con nuestros prójimos. Os deseo a todos un feliz y sereno tiempo de descanso.
+ José Mª Yanguas
Obispo de Cuenca