El mensaje semanal del Obispo de Cuenca
El mensaje semanal del Obispo de Cuenca
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. José María Yanguas Queridos diocesanos:
En numerosas ocasiones el Papa Francisco ha recordado la necesidad del "encuentro con Cristo", como acontecimiento que da origen al camino dela fe, a la vida cristiana. También fue tema recurrente en las enseñanzas del Papa Benedicto XVI. Al final ya de la Carta Apostólica Porta fidei, el Papa contemplaba el Año de la fe como un tiempo para fortalecer nuestra relación con Cristo, el Señor. "Que este Año de la fe, decía, haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar el futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero" (n. 15).
Cualquier cristiano familiarizado con la literatura ascética, sabe bien que hablar de "encuentro con Cristo", verdadero, personal, es hablar de oración. Esta puede ser definida o considerada bajo diversos aspectos, pero la oración es, en cualquier caso y siempre, encuentro con Dios, encuentro con Cristo en quien Dios se ha revelado de manera única.
Desde los comienzos de la vida de la Iglesia, la oración ha sido una de sus notas características. Así, dicen los Hechos de los Apóstoles, que los cristianos de la primitiva comunidad de Jerusalén: "perseveraban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones" (2, 42). Y cuando las variadas tareas a las que debían dedicarse los Apóstoles amenazaron con desfigurar o distraerlos de su misión, no dudaron en destinar a otros cristianos para dichos trabajos, de manera que ellos pudieron dedicarse más enteramente "a la oración y al servicio de la palabra" (Hch 6, 4).
Por eso, la Iglesia ha tenido siempre en mucho a aquellas personas que dedican sus días a la oración y contemplación, consciente de la importancia que revisten para su fidelidad a Cristo y para el cumplimiento de la misión que de Él ha recibido. La vida consagrada a la oración, en pobreza, castidad y obediencia, tiene su modelo en Cristo y "representa un don de Dios para su Iglesia por medio del Espíritu" (Exhort. Apost. Postsin. Vita consacrata, 1).
Cada año, al llegar la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada "pro orantibus", en la que ora por aquellos hombres y mujeres consagradas a Dios en la vida contemplativa, verdaderos "centinelas de la oración", como los define el lema elegido para la Jornada de este año. Con dicha Jornada, la Iglesia quiere dar gracias a Dios por este bello don concedido a su Iglesia, gracias al cual se recuerda continuamente a todo el pueblo cristiano lo que es más fundamental y esencial en nuestra fe. Con la gratitud a Dios, el reconocimiento y la estima por la fidelidad de las comunidades contemplativas que enriquecen la vida de la Iglesia con su testimonio y ejemplo.
Se quiere también en este día dar más a conocer la vocación contemplativa, vocación y don particular dentro de la Iglesia para contribuir a la misión salvífica de ésta (cf. Gaudium et spes, 43). Por un día, quienes gastan su vida en el servicio callado y obscuro a los ojos de los hombres, pero luminoso y fecundo a los ojos de Dios, revelan su existencia de entrega y oración a Dios, por el bien de sus hermanos los hombres, por los que interceden sin descanso.
Hoy rezamos todos por aquellos que de continuo lo hacen por nosotros. Pedimos su firme perseverancia en la vocación recibida, para que la entrega de sus vidas produzca abundantes frutos de vida cristiana. Pedimos a Dios Nuestro Señor para que siga poniendo en el corazón de muchos jóvenes la semilla preciosa de la vocación a la vida contemplativa. Que Él siga concediendo a la Iglesia y a la humanidad numerosas vocaciones a la vida contemplativa, testimonio del mundo venidero y del amor silencioso a Dios y a los hombres.
+ José María Yanguas
Obispo de Cuenca