Llamada de Tierra Santa

Llamada de Tierra Santa

Agencia SIC

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Queridos diocesanos:

Tradicionalmente todos los an?os nos llega el Viernes Santo el reclamo de ayuda que nos pide la Custodia de Tierra Santa a todos los cato?licos del mundo, para que oremos por los cristianos de Tierra Santa, no olvidemos los Santos Lugares que esta?n puesto bajo la vigilancia, mantenimiento y ayuda de la Custodia, confiada por la Santa Sede a la Orden Franciscana Menor. La presencia de los franciscanos en Tierra Santa data desde que san Francisco fundara la provincia de este nombre en 1217. Asentados los Frailes Menores en la tierra de Jesu?s, el Papa Clemente VI les confi?o a mediados del siglo XIV la Custodia.

El asentamiento de la Orden de los Frailes Menores en los Santos Lugares es inseparable de los mismos, acogiendo a los peregrinos, contribuyendo a la investigacio?n bi?blica y divulgacio?n de los hallazgos arqueolo?gicos que nos acercan a la cro?nica evange?lica; facilitando con ello su mejor comprensio?n mediante el cultivo de los estudios bi?blicos y las excavaciones arqueolo?gicas, compartidas por otras instituciones y grupos de investigacio?n de las diversas confesiones cristianas.

Hoy la poblacio?n cristiana de Tierra Santa pasa por dificultades que no podemos desconocer: el acoso de los cristianos, entrizados entre las dos grandes comunidades religiosas de judi?os y musulmanes, a los que la situacio?n permanente de violencia impulsa a la emigracio?n y abandono de su propia tierra. Esta situacio?n de anomali?a prolongada vine teniendo como resultado la disminucio?n alarmante de la poblacio?n cristiana, y haciendo dificultosa en extremo la labor de las comunidades cristianas de los diversas Iglesias histo?ricas y ritos orientales y occidentales, secularmente presentes en el escenario geogra?fico de toda la Tierra Santa y, particularmente, en Jerusale?n, la ciudad santa por excelencia para judi?os, cristianos y musulmanes.

Las peregrinaciones a Tierra Santa se ven entorpecidas por la situacio?n provocada por la guerra que no cesa entre palestinos y judi?os, sin que se acabe de llegar a la paz tantas veces intentada y necesaria para la estabilidad social de unos y otros, lo que so?lo sera? posible mediante el reconocimiento reci?proco e internacional de los derechos de todos. Para hacer ma?s difi?cil la situacio?n, la terrible pandemia del Covid-19 ha afectado al flujo normal de peregrinos, capaces de sortear las dificultades para lograr el objetivo tan anhelado de la experiencia de fe de vivir en la geografi?a del Evangelio la palabra y la actuacio?n de Jesu?s en su contexto histo?rico.

Lo mismo que ha sucedido en nuestro pai?s a causa de esta agresiva pandemia, que ha frenado el turismo y los viajes, confinando a las poblaciones afectadas, la falta de turismo religioso y la ausencia de peregrinos en Tierra Santa han dejado desarmadas econo?mica y socialmente a las familias palestinas cristianas, a las que es preciso ayudar. Hemos de ser generosos dispuestos a compartir con ellas sus dificultades y juntos soportar las estrecheces de ahora que padecemos todos aliviando las suyas, agravadas por los enfrentamientos violentos, convencidos de que so?lo la fraterna solidaridad de la fe contribuye a paliar tanto sufrimiento.

Por todo ello, la Santa Sede considerando este estado de cosas ha considerado necesario mantener la colecta "Pro Terra Sancta", una cuestacio?n que tradicionalmente se suele realizar en las iglesias parroquiales y conventuales el Viernes Santo, traslada?ndola al domingo ma?s pro?ximo a la fiesta de la Exaltacio?n de la Santa Cruz, que este an?o es el di?a antes de la fiesta, el pro?ximo domingo di?a 13 de septiembre.

La cuestacio?n viene siempre acompan?ada por la oracio?n en favor de los cristianos de Tierra Santa. Hemos de encomendar a nuestros hermanos cato?licos, y a todos los fieles de las Iglesias cristianas que viven en la geografi?a de la historia de la salvacio?n, la tierra donde acontecio? la encarnacio?n del Hijo de Dios en las entran?as de la Virgen Mari?a. El escenario bi?blico donde acontecio? la redencio?n del mundo en la sangre de Jesus, que colgado de la cruz hizo de ella a?rbol de vida, cuyo fruto se desprendio? de su costado abierto por la lanza del soldado. Como dice el evangelista, del costado del Redentor atravesado por la lanza del soldado, "al instante broto? sangre y agua" (Jn 19,34), y de aquel manantial de gracia nacieron los sacramentos de la Iglesia: el agua que prefigura el bautismo y la sangre del Crucificado derramada como precio de nuestro rescate, signo y realidad al mismo tiempo de la Eucaristi?a.

La fiesta de la Santa Cruz es una de las fiestas del Sen?or y, siempre que cae en domingo, prima sobre la liturgia dominical. La razo?n es clara, ya que las fiestas del Sen?or celebran sus misterios de salvacio?n, y en esta fiesta es bien patente que se celebra el contenido de la celebracio?n dominical: el misterio de la redencio?n de la humanidad por el Hijo de Dios, que por nosotros "se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2,8).

Todos los regi?menes totalitarios que han perseguido y siguen persiguiendo a los cristianos, a lo ancho del mundo, han derribado la cruz, en odio al signo de un rescate de sangre preciosa, por el cual fuimos recuperados de la muerte eterna. La exaltacio?n de la cruz no es triunfalismo cristiano, sino confesio?n de fe en la victoria de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio. Es el signo supremo de la reconciliacio?n, que a la luz de la fe se transfigura y se torna preciosa, porque en la cruz de Jesu?s las heridas de las que fluye sangre en su cuerpo torturado se tornan gemas y piedras de incalculable valor, porque en ellas, en las heridas de nuestro Jesucristo fueron curadas nuestras heridas. Bien podemos mirar hoy y siempre al oriente, donde la Tierra Santa aparece como lo que en verdad es: el escenario sobre el que fue levantada la Cruz del Redentor del mundo. Bien podemos decir con siglos de fe en la victoria de la cruz: ¡Salve, oh Cruz, esperanza u?nica!

Con todo afecto y bendicio?n.

Almeri?a 13 de septiembre de 2020

+ Adolfo Gonza?lez Montes,

Obispo de Almeri?a