Jesús acoge a todos

Jesús acoge a todos

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Queridos diocesanos:

Durante el curso pastoral que ahora comenzamos, nuestra Diócesis de Menorca se ha propuesto crecer como Iglesia que acoge a todos. Me parece oportuno fijarnos en las palabras y conducta de Jesús, para entender por qué nosotros tenemos que acoger a todos.

Resulta sorprendente y alentadora la praxis de Jesús -testificada firmemente en los cuatro evangelios- de acoger a todos en su compañía. Cuando los discípulos del Bautista visitan a Jesús y le preguntan, en nombre de su maestro, si es o no el Mesías esperado, Jesús responde diciendo: "Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados" (Lc 7, 18-23). Jesús hace referencia a varios textos de Isaías (35, 5-6; 26,19; 29,18; 61,1) en los cuales el profeta hacía ver que el Reino no se inauguraba por el estallido del poder, sino por los beneficios de la salvación a través de la misericordia y el amor.

Esta praxis de Jesús resulta sorprendente si la comparamos con lo que era habitual en aquel tiempo entre la comunidad esenia, que vivía en Qumrán. Esta comunidad buscaba la pureza ritual hasta el extremo de excluir a todos los que tuvieran algún defecto físico. Una de sus reglas decía: cojos, ciegos, mudos y enfermos quedan excluidos de la comunidad (cf. I Qsb, 2, 8). Jesús, por el contrario, admite a todos. Frente al rigorismo de su tiempo, Jesús subraya que todos son invitados al banquete: "haz entrar a los pobres, lisiados, los cojos y los ciegos" (Lc 14, 21). En el diálogo con los discípulos del Bautista Jesús añade: "Y dichoso el que no se escandalice de mí". Jesús sabe muy bien que su conducta resulta extraña y escandalosa a los ojos de sus contemporáneos. Para él nadie está excluido del Reino de Dios.

Un pasaje similar y también muy iluminador es la lectura de Isaías 61 que Jesús realiza en la sinagoga de su pueblo (Lc 4, 16.21). Jesús lee las palabras del profeta, que hablaban de que había sido enviado a "anunciar la buena noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor". Y, ante la sorpresa de sus paisanos, Jesús comenta que todo eso está cumpliéndose en su persona. Él es el Mesías, ungido por el Espíritu, que tiene como misión abrir las puertas de la salvación a todos los hombres. Cuando la gente de Nazaret comprende sus palabras, intentan despeñarlo. De nuevo nos encontramos con el escándalo, como consecuencia de su apertura a todos.

Como vemos, Jesús abre las puertas de su comunidad, de su Iglesia, a todos y, particularmente, a los pobres, a los que sufren, a los pequeños, los sencillos y los pecadores. A todos ellos anuncia un Dios de misericordia, que invita a todos los hombres a entrar en comunión con El. Es un Dios al que le importa la vida de cada uno, que se implica en la historia de cada una de sus criaturas y que no excluye a nadie.

+ Francesc Conesa Ferrer

Bisbe de Menorca