El IBI de la Iglesia con "v" de verano

Agencia SIC

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Mons. Ángel Rubio Disculpen el título con el que empiezo este escrito para reflexionar sobre algo tan serio como es el IBI de la Iglesia, pero lo he puesto con intención de referirme a las tormentas de verano, que acompañadas de truenos y relámpagos, e incluso granizo, a veces causan estragos aunque suelen ser muy pasajeras y enseguida sale el sol.

Tras cinco meses, y esto sí que va en serio, de falsa y sucia campaña manipuladora por parte del PSOE pidiendo a sus representantes en todos los ayuntamientos de España que reclamen el pago del IBI para la Iglesia católica ahora empieza a clarear el sol porque se habla de edificios no destinados al culto. Toda esta demagogia y cinismo para afirmar que la Iglesia, en medio de la crisis, haga "un esfuerzo como lo está haciendo todo el mundo".

El tema del IBI está regulado por los Acuerdos Económico suscritos entre el Estado Español y la Santa Sede y la Iglesia cumple escrupulosamente con las indicaciones del Concordato y la ley de Mecenazgos que afecta a todas las actividades sin ánimo de lucro que trabajan en España. Se descartan, y deben pagar el IBI, todos los inmuebles afectos a actividades y explotaciones económicas no exentas del Impuesto sobre sociedades.

La Iglesia paga el IBI de todos los inmuebles que no estén exentos por ley, la Iglesia no es la única que en algún caso está exenta del pago del IBI, tampoco lo pagan, entre otras, las fundaciones, las asociaciones de utilidad pública, las federaciones deportivas, los partidos políticos, los sindicatos, las iglesias evangélicas, las comunidades hebreas y musulmanes. En Madrid, por ejemplo, no pagan el IBI: el museo del Prado, la SGAE, el Hotel Ritz, el Palacio de Liria, etc. Así está regulado en la llamada Ley de mecenazgo (ley 49/2002). La Iglesia estará siempre a lo que dicte la ley. Si hubiera un cambio en la legislación fiscal, estaría a lo que dictara la norma, siempre con el límite de los beneficios previstos en los acuerdos que tendrán rango superior.

Un bulo que corre por internet y redes sociales es confundir la donación que la Conferencia Episcopal Española hace a Cáritas con el sostenimiento que la Iglesia hace de su acción caritativa en las diversas diócesis y parroquias. La Conferencia Episcopal viene haciendo esa aportación desde hace cuatro años. Los obispos, en la reunión plenaria de noviembre de 2008, decidieron donar a las diferentes Cáritas diocesanas el 1% del total del Fondo Común Interdiocesano, lo que supuso entonces una aportación de 1,9 millones de euros. La cantidad se ha ido incrementando anualmente hasta situarse en el 2,17% actual. Concretamente en el año 2011 se han donado 5 millones de euros. Y en estos cuatro años, se ha entregado un total de 13,8 millones de euros. Además, cuando se habla de la escasa aportación del 1% se toma como base el presupuesto presentado por Cáritas Española y no se hace referencia alguna a las Cáritas diocesanas, una verdadera red que llega a todos por medio de las Cáritas parroquiales.

El amor ?caritas? siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo. El Estado qué quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido ?cualquier ser humano? necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio.

La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive "sólo de pan" (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano. Es impagable la contribución eclesial de Caritas, a la educación, a la cultura o a la sanidad.

Termino deseando a todos feliz verano, que no tengamos tormentas peligrosas y puedan gozar del deseado descanso merecido y justo que muchos desean y necesitan.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia