Entre dos abrazos
Entre dos abrazos
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Mons. Sebastià Taltavull Es genial el papa Francisco cuando se refiere a la identidad cristiana y dice que "es este abrazo bautismal que nos dio de pequeños el Padre, y nos hace anhelar, como hijos pródigos ?y predilectos en María?, el otro abrazo, el del Padre misericordioso que nos espera en la gloria. Hacer que nuestro pueblo se sienta como en medio de estos dos abrazos, es la dura pero hermosa tarea de quien predica el Evangelio" (EG 144).
uede que sea atrevido que nos preguntemos todos cómo nos sentimos en medio de estos dos abrazos, cómo vivimos la tensión entre allí donde venimos y la meta definitiva hacia la que caminamos. Tenemos la experiencia del primero, aunque para muchos bautizados de pequeños fuéramos por edad inconscientes, donde Dios ya nos abrazaba y nos orientaba a vivirlo con alegría. Pero también hacemos la experiencia de preguntarnos ¿hacia dónde vamos? Dios es el origen y el destino ?solemos decir?, en él vivimos, nos movemos y somos, y el que nos lo ha dado a conocer es Jesús. Este es el motivo por el cual podemos decir que nos acompaña en este tramo del camino situado entre un abrazo y otro.
Vivir así, entre los dos abrazos, me hace pensar que estamos unidos al Dios que nos ama y no solo eso, sino que "primerea en el amor", es decir, que tiene la iniciativa de amarnos. Es por la fe que reconocemos el don a través del cual descubrimos que somos hijos e hijas de Dios, nuestra máxima dignidad. "La filiación que el Padre regala gratuitamente y la iniciativa del don de su gracia son la condición de posibilidad de esta santificación constante que agrada a Dios y le da gloria. Se trata de dejarse transformar en Cristo por una progresiva vida según el Espíritu" (EG 162).
Aprender a vivir entre los dos abrazos es una constante de toda la vida y se desarrolla marcada por la fuerza de la fe, de la esperanza y de la caridad. Esto condiciona en positivo nuestro caminar como cristianos, conscientes de dónde venimos y hacia dónde vamos. Entre los dos abrazos, pues, tenemos una misión en medio del pueblo que sí o sí tendremos que hacer realidad si queremos ser consecuentes con el don recibido en el bautismo y el don de ser acogidos por siempre en la gloria.
+ Sebastià Taltavull
Obispo de Mallorca