La dureza de la crisis actual

La dureza de la crisis actual

Agencia SIC

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Mons. Carlos Escribano La crisis económica se acentúa mes tras mes. Son muchos los problemas e incertidumbres que nos muestra la realidad cotidiana y nos trasmiten los medios de comunicación. La destrucción de empleo es la expresión más dolorosa de esta crisis que se prolonga en el tiempo y, cada vez, se presenta más cercana en las situaciones dramáticas que viven muchas familias de nuestro entorno. El paro golpea de manera trágica nuestro país, alcanzando la dolorosa cifra de 5.600.000 parados. En nuestra provincia la cifra se eleva a casi 10.500 desempleados. Las acciones emprendidas por los distintos ejecutivos que conllevan, en ocasiones, la realización de múltiples ajustes y recortes, suponen un gran sacrificio para toda la sociedad española. Todos somos conscientes de que es tiempo de austeridad, pero no hay que olvidar nunca a los más vulnerables, a los más pobres que conviven con nosotros.

Los problemas que tenemos delante, no son de orden exclusivamente técnico. Si así fuese escaparían a la necesidad de un discernimiento y de una valoración de tipo ético. Benedicto XVI advierte en su encíclica "Caritas in Veritate" que a la hora de hacer propuestas hay que huir de aquella absolutización de la técnica que "tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia" (CiV nº 77). Ello podría conducirnos a minimizar el valor de las decisiones de aquellos que deben tomarlas, reduciéndolas a meras variables técnicas. Las decisiones que se toman afectan a la persona en su integridad y a todas sus dimensiones y tienen unas consecuencias que deben ser contrastadas por el modelo social que se pretende construir, conforme a los recursos disponibles y atendiendo a la distribución de los mismos de la forma más justa posible. En las propuestas que iluminan el modelo social que es deseable alcanzar, estoy convencido que la comunidad cristiana tiene mucho que aportar.

La reflexión sobre las causas de la actual crisis que vivimos, el compromiso en la defensa de los más necesitados y las acciones en su favor, deben ir de la mano. En el terreno de la reflexión es bueno no olvidar, en sintonía con la propuesta de Benedicto XVI, que "la cerrazón a un más allá, comprendido como algo más, respecto a la técnica, no solo hace imposible el encontrar soluciones adecuadas para los problemas, sino que empobrece cada vez más, a nivel material y moral, a las principales víctimas de la crisis" (Pontificio Consejo "Justicia y Paz". Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional nº2. Roma 2011). En ese horizonte toma un papel relevante la caridad cristiana. La experiencia y la vivencia de la caridad, se convierten en irrenunciables: "Sin la caridad, es decir, sin la generosidad sincera, movida en último término por el amor de Dios y del prójimo, será imposible introducir los cambios necesarios en el estilo de vida y en las costumbres sociales y políticas que han conducido a la crisis y que seguirán amenazantes aun cuando hayan sido solucionados los problemas más graves, Dios quiera que pronto". (Cardenal Rouco Varela; Discurso inaugural de XCIX Asamblea Plenaria. Madrid 2012).

En orden a las acciones a favor de los más débiles, son muchas las personas y familias que están dando pasos decididos y concretos para ayudar a quienes lo necesitan. Es encomiable el compromiso de Caritas y de otras instituciones eclesiales en favor de los más necesitados, a las que hay que agradecer, apoyar y estimular en la insustituible tarea que llevan adelante.

En definitiva, es necesaria la cooperación de toda la sociedad y la ayuda de todos para salir adelante en esta dolorosa situación, salvaguardando siempre la justicia y la protección de los más débiles.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Teruel y de Albarracín