¡Debemos alegrarnos y hacer fiesta!
¡Debemos alegrarnos y hacer fiesta!
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Mons. Sebastià Taltavull A menudo acostumbramos a mirar a los demás como extraños. Hay quien llega a decir: "¡qué nos importa su vida!" Y, en realidad, sí que nos importa cuando creemos que nos duele su trayectoria. Incluso, hay quien se disgusta cuando a otro las cosas le van bien. Es la actitud recriminatoria del hijo mayor de la parábola del hijo pródigo que choca de frente con la sorprendente actitud misericordiosa del padre que espera con los brazos abiertos al hijo que se marchó de casa. Entiendo perfectamente la carga de amor de este padre, el cual, como tantos padres y madres, no ha cerrado nunca a los hijos ni las puertas de casa ni las de su corazón. Y cuando el hijo vuelve, invita a todos diciendo: "Debemos alegrarnos y hacer fiesta" (Lc 15,32).
recisamente de eso se trata, de conocer quién es Dios, cómo actúa y reconocer la fuente de la misericordia, su amor llevado hasta el extremo. Esto es lo que quiere Jesús cuando nos da a conocer a su Padre; así también hoy podemos avanzar aún más en el conocimiento del misterio de Dios de la mano de Jesús, el cual, con su hábil pedagogía, nos acerca a la verdad de su paternidad. Quiere que experimentemos que somos hijos suyos y que nos ama entrañablemente, sea cual sea nuestra condición de procedencia, de situación humana, de proyecto de vida. Muy por encima de nuestras fugas, de nuestros recelos y envidias, Dios nos observa constantemente y, como lo hace con el hijo pródigo, se fija en cada uno de nosotros y derrama ternura y perdón.
Un vez más, en nuestro camino hacia Pascua, Jesús nos invita a eliminar de nuestra vida todo resentimiento hacia los demás, especialmente con aquellos a quienes no toleramos su bondad, su inocencia, su honestidad. El padre bueno de la parábola estima del todo, perdona sin límites, sencillamente se desvive por sus hijos, incluso a pesar de su forma injusta de comportarse con él. Si Jesús se hace encontradizo y quiere caminar a nuestro lado, es para abrirnos los ojos y el corazón. Quiere que todo lo que observamos y vivimos sea expresión de su misma vida, siempre pendiente de cumplir la voluntad del Padre y de actuar como él. Por ello, quiere hacer de nuestra vida, y de la de todo hombre y toda mujer que formamos la familia humana, un espacio donde el amor da sentido a todo lo que somos y hacemos.
+ Sebastià Taltavull
Obispo de Mallorca