El Credo, símbolo de la Fe

El Credo, símbolo de la Fe

Agencia SIC

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Mons. Jesús García Burillo Queridos abulenses: Seguimos consternados por la renuncia del Papa. Todos los obispos hemos expresado nuestros sentimientos en estos momentos. También lo han hecho todos los medios de comunicación, periódicos, radios, televisiones. Se abre ahora un camino, coincidiendo con la cuaresma que nos llevará a la pascua y a la recepción de un nuevo Papa. Yo os invito a vivir este camino desde la fe y la oración en este Año de la fe que nos ha propuesto nuestro amadísimo Papa Benedicto XVI. El año de la fe es una ocasión propicia para que todos los cristianos revisemos la calidad de nuestra adhesión a Jesucristo y a su Iglesia. Nosotros hemos comenzado a reflexionar sobre el Credo, que es el resumen de los contenidos esenciales en los que creemos los discípulos de Jesús. Lo recitamos cada domingo en la Eucaristía. Es un faro que ilumina nuestra vida y la orienta por el auténtico camino que descubre la verdad del ser humano y conduce a la vida que no termina porque es la misma vida de Dios. Para entender el Credo, también llamado Símbolo de la fe, pensemos en uno de esos colgantes que usan a veces los enamorados. Se trata de corazones partidos por la mitad. El chico lleva una parte y su novia otra. Cuando están juntos, pueden unir los colgantes y formar un solo corazón. Si están bien confeccionados, la parte de uno sólo puede encajar bien con la del otro, e incluso formar perfectamente una palabra o una fecha. Esto ya existía en la antigua Grecia, aunque allí no sólo se usaba en el amor. También se utilizaba para reconocer a mensajeros, a comerciantes, o las partes contratantes. Un gobernante podía saber, por ejemplo, que el emisario que le traía noticias del campo de batalla pertenecía realmente a su ejército porque llevaba una placa metálica que encajaba con otra que se había quedado en palacio. A cada una de esas partes se la llama en griego "símbolo".Con esta imagen, ya sabemos qué es el símbolo de la fe: es algo que permite a los cristianos reconocernos. Ser discípulo de Cristo es formar parte de una familia extendida por toda la tierra. Sabemos que otro es nuestro hermano porque, gracias al Espíritu Santo, cree lo mismo que nosotros. En un mundo marcado por las discordias y las divisiones, es consolador caer en la cuenta de esta unidad fundamental. Como a veces las diferencias también amenazan a los bautizados, tentados de discutir por cuestiones de menor importancia, profesar cada domingo el Credo es recordarnos continuamente que la fe que nos une es mucho más grande, más fuerte y más bella que las discrepancias que puedan separarnos. Hay en el origen de la palabra otro dato importante. La fe es algo que cada uno tiene y, al mismo tiempo, algo que sólo está completo cuando se une a la fe de los demás. En la liturgia esto se expresa con una paradoja que a veces cuesta entender. Todos recitamos juntos el Símbolo y, sin embargo, en vez de utilizar el plural, hablamos en singular. Cuando el sacerdote nos pregunta en la Vigilia Pascual o en los Bautizos:"¿Creéis?", no respondemos "creemos", sino "creo". Creo yo, en singular, con la entrega total de mi persona que sólo uno mismo puede hacer. Pero esa entrega adquiere pleno sentido al lado de la entrega de los demás. Mi fe puede estar amenazada por la duda, puede ser frágil y muy pequeña. Pero, al lado de la fe de mis hermanos, se crece, se asegura y manifiesta en todo su esplendor. También la liturgia nos puede ayudar a entender esto. Antes de comulgar, pedimos al Señor que no tenga en cuenta nuestros pecados. Pero, conscientes de nuestra debilidad, nos encomendamos a la fe de la Iglesia. La fe de todos es mucho más que la suma de las creencias de cada uno. Es la respuesta de la Iglesia a Cristo, su Esposo. Esta verdad la experimentamos de forma especial en momentos como los que ahora vivimos, huérfanos del Sumo Pontífice, pero acompañados por innumerables hermanos que caminamos con la misma fe y la misma esperanza. En la Antigüedad y en el Catecumenado de adultos hay un rito muy elocuente. El primero es la entrega del Símbolo. El Obispo reúne a los que se están preparando para recibir el Bautismo y recita ante ellos el Credo. En los días siguientes, los catequistas ayudan a sus discípulos a comprender el sentido de cada una de las partes. Cuando termina ese periodo, se pasa a la siguiente celebración. Esta vez son los que vana ser bautizados quienes recitan el Credo de memoria ante el Obispo. ¿Qué significa esto? Que la fe no es algo a lo que uno llega como resultado de su reflexión personal. La fe nace de la escucha de la predicación apostólica. Esta fe tiene que pasar a lo más íntimo de la persona, tiene que ser comprendida y tiene que estructurar todos nuestros actos. Esto es lo que significa el tener que aprendérselo de memoria. Que después se tenga que volver a recitar significa que uno sólo cree de verdad cuando es capaz de hablar de esta fe ante otros. Os animo a vivir con gran intensidad nuestra fe personal y eclesial en estos momentos de orfandad espiritual y de esperanza.

+Jesús García Burillo

Obispo de Ávila