Corpus Christi

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Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Celebramos en este do­mingo la festividad del Corpus Christi, el día del amor de Cristo entrega­do por nosotros y nues­tra salvación. Cristo en la cruz entre­ga su cuerpo y sangre por nosotros, rescatándonos así del pecado a precio de dicha entrega.

a eucaristía es el memorial de la muerte y la resurrección de Cristo, es la celebración incruenta de la entrega del Señor a la muerte por nosotros y por la salvación de todos los hom­bres. Cada vez que la celebramos lo hacemos como misterio de nuestra fe, anunciando su muerte, proclamando su resurrección y pidiendo su segun­da venida

La festividad del Corpus es la fe­cha también en que la Iglesia celebra el día de la Caridad. Una jornada que nos hace una llamada especial a vivir la caridad con los más necesitados de nuestra sociedad y la solidaridad con ellos.

Esta jornada de Cáritas nos invita a poner en ejercicio nuestro amor con los pobres y necesitados de nuestra sociedad, y nos llama a todos a un compromiso más generoso y solida­rio como creyentes y como hombres de buena voluntad, a favor de nues­tros hermanos que sufren.

El paro, la falta de empleo está sien­do, por desgracia, la dura, penosa y crujiente realidad, que golpea y daña la vida de tantas personas que están sufriendo las consecuencias del desem­pleo, tantas y tantas familias las que lo están pasando realmente mal porque no tienen ningún miembro trabajando.

La eucaristía pide un compromiso a favor de los pobres, de los necesitados, de los nos están tendiendo su mano en busca de ayuda, de solidaridad y de amor compartido. La unión con Cristo en la eucaristía es unión con todos los demás a los que él se entrega. El Cate­cismo de la Iglesia Católica, abunda en la misma insistencia: "Para recibir en la verdad el cuerpo y la sangre de Cris­to entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, nuestros hermanos" (CIC 1389).

No podemos participar en la eu­caristía y ser indiferentes a que haya entre nosotros hermanos que sigan sin tener para vivir, hemos de ser so­lidarios con ellos aportando nuestro grano de arena.

Hemos de sentirnos llamados a concienciarnos de la penumbra eco­nómica de tantas familias, para com­partir con ellos algo de lo nuestro, para solidarizarnos con ellos y des­prendernos de eso que les ayudaría a ellos a lograr una vida más digna.

Una vez más somos llamados des­de nuestra fe y desde la pobreza de los más necesitados a seguir siendo gene­rosos, a sentir muy dentro de noso­tros que gracias a nuestra solidaridad y generosidad otros pueden vivir un poco más dignamente.

La situación sigue siendo angus­tiosa para muchos hermanos nues­tros que hoy no tienen posibilidades de ganar el pan de sus familias por no tener trabajo o porque se ha pro­ducido la ruptura de las mismas fa­milias.

Desde aquí quie­ro hacer una lla­mada muy especial, a todos los cristianos y a todos los hom­bres y mujeres de buena voluntad, sensibles al dolor de sus semejantes, a que tomemos en serio y nos con­cienciemos de la situación de tantos hermanos nuestros que están atra­vesando esta dura situación; a que pongamos en ejercicio nuestro amor y seamos generosos y solidarios con todos cuantos sufren a nuestro lado y en nuestras propias familias.

Sepamos privarnos de algo nues­tro y ofrezcamos esa ayuda a Cáritas para que gracias a nuestra caridad y generosidad esta institución de la Iglesia a través de la cual se canaliza la caridad de la Iglesia, pueda seguir socorriendo a tantas personas y fami­lias que acuden diariamente a ella, en busca de lo más necesario para vivir.

La unión con Cristo en la eucaris­tía pide la unión con todos los "cris­tos" sufrientes que deambulan por nuestras calles y nuestro mundo, y el amor a todos los demás a los que Él se entrega.

Pongámonos en la situación de los necesitados y comprometámonos con ellos como nos gustaría que los de­más se comprometieran con nosotros si fuéramos nosotros los necesitados. Tendamos la mano al hermano nece­sitado porque en la mano del herma­no necesitado nos vamos a encontrar con la mano de Dios.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real