¿Cómo hablar hoy de Dios?

¿Cómo hablar hoy de Dios?

Agencia SIC

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sta pregunta se ha planteado en el Sínodo de obispos sobre les jóvenes y la fe. Se plantea con frecuencia en las reuniones de sacerdotes, de catequistas, de consejos pastorales. De hecho es una pregunta que se plantea de diversas formes: ¿Cómo hablar de Dios a los niños, a los jóvenes, a los enfermos, a quienes le han olvidado, a los indiferentes?

l anuncio del Evangelio, hoy misión prioritaria, nos pide hablar de Dios y es en ese punto cuando aparecen los interrogantes. ¿Puede ser Dios un tema de conversación? ¿Se puede hablar de Dios como se habla de los resultados de la "Champions" o del tiempo? ¿La misma boca que le pide un aperitivo, una bebida o cómo está de salud? puede comunicar algo de la divinidad?

Quizás sería mejor, puede alguien pensar, dejar que hablen los filósofos, los teólogos, los sacerdotes, los obispos, los especialistas, y no los cristianos normales y corrientes. Sin embargo anunciar a Dios y dar testimonio de Él corresponde a todos los bautizados.

El cómo hablar de Dios hoy nos lleva a preguntar por los destinatarios: ¿hablar a quién? Es evidente que no se habla de Dios de la misma forma a un niño, que a un joven, un adulto, un enfermo, un ateo, un indiferente o un "pasota".

Cuando hablo con alguien es preciso dejarme afectar por su situación, sin prestar atención a la persona concreta, por mucho que hable, no seré escuchado ni comprendido.

Debemos preguntarnos si no será necesario antes hablarnos de Dios a nosotros mismos. No podemos hablar de Dios sin haberlo escuchado y estar en comunicación con Él.

Al mismo tiempo nos damos cuenta de que es necesario hablar de Dios hoy en día, y de ahí que explicitemos que se trata de "una nueva evangelización". Hoy hemos de hablar a pueblos "descristianizados". Somos enviados a europeos (catalanes) bautizados muchos de los cuales han olvidado su bautismo. Misión difícil porque muchos creen que ya conocen de alguna forma a Jesucristo, que ya han oído hablar de Dios, y es por ello que no escuchan ninguna Buena Noticia. Algunos pueden preguntarse si el Evangelio puede ser escuchado en nuestra sociedad. Sin embargo, esta dificultad la vive cada generación. San Agustín lo afirma en sus Confesiones: "¿Qué puedo decir cuando hablo de Vos? Y lo contrario: ¡Ay de los que callan, porque no son más que charlatanes mudos! ¿Cómo podemos hablar de Dios si tampoco podemos callar?

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona