Cambia el mundo

Cambia el mundo

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Mons. Gerardo Melgar Con este lema se nos comunica el mensaje principal de la jornada mundial de las misio­nes de este año 2018, del Domund.

ste es el mensaje que llega a to­dos desde la realidad de la vida de los misioneros, porque están, real­mente, cambiando el mundo con su labor y entrega al anuncio del evan­gelio y con su caridad con los pobres de la tierra.

Su vida interpela a tantos jóvenes que hoy buscan un sentido a la suya porque en ellos podemos encontrar el modelo de alguien que ha encon­trado el verdadero sentido en Cris­to, en el anuncio de su persona y su vida.

En los misioneros y misioneras podemos encontrar el modelo a imi­tar para nosotros porque no se trata de una teoría, sino de una verdadera entrega al Señor y a los demás a fon­do perdido. Un día experimentaron la atracción del amor de Dios y su­pieron corresponder a tanto amor al descubrir que el Señor les elegía para ser los portadores de su mensaje y de la buena nueva en tierra de misión. Su respuesta llena de generosidad al Señor, hacen que la fe permanezca siempre joven y renovada cada día.

Todos estamos llamados a cam­biar el mundo. Unos en nuestro en­torno más cercano y familiar: en nuestra familia, entre los amigos, en nuestras parroquias, en todas y cada una de las realidades que nos rodean; de tal manera que cada vez se parez­can más al sueño de Dios sobre ellas. Otros, como ellos, sembrando la se­milla del evangelio en las misiones y entregando toda su vida al servicio del anuncio del evangelio a quienes no conocen al Señor. Todos estamos llamados hoy a ofrecer a Cristo y su mensaje al mundo, este mundo que nos ha tocado vivir y que tan nece­sitado está de Él. Porque cuando vi­vimos el mensaje de Cristo y lo ofre­cemos a los demás, nosotros estamos recorriendo el auténtico camino en el que encontraremos sentido a nuestra vida y a nuestra entrega.

Seguro que todos estamos en des­acuerdo con la marcha del mundo, especialmente en la vivencia de los grandes valores en los que el hombre encuentra sentido a su vida: hemos expulsado a Dios de nuestra vida, de la vida de nuestros hogares, de la vida de nuestros pueblos, de nues­tra sociedad, y hemos construido un mundo y una sociedad sin Dios, porque creíamos que con el dinero y lo material todo lo demás estaba so­brando, porque ello era lo que iba a hacernos felices. Pero hemos podido comprobar que, cuando se prescinde de Dios en los ámbitos de la vida que sean, nuestra vida se encuentra vacía y sin sentido, porque en definitiva no podemos renunciar a algo que Dios en la creación dejó bien impreso en nuestro corazón. Como decía san Agustín: "Nos hiciste para ti y nues­tro corazón está inquieto hasta que descanse en ti".

Hemos de pedir por todos los mi­sioneros y misioneras y todos cuan­tos han expropiado su vida y la han entregado al servicio del evangelio, ofreciéndolo a los que no lo cono­cen como el camino auténtico para lograr este cam­bio que se nos pide; para que, a pesar de las dificultades que puedan sentir en la extensión del mensaje cristiano, es­cuchen siempre lo que el Señor nos dice en el Evangelio: "No tengáis miedo" (Jn 16,16). "Yo estaré con vo­sotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).

Nosotros estamos llamados a cambiar nuestro mundo, nuestro en­torno, nuestra familia, nuestra vida, y es ahí donde tenemos que centrar nuestro esfuerzo, pero también tene­mos que ayudar a los que, dejando todo: patria, familia, salud y todo lo que son y tienen; luchan por cam­biar el mundo desde la extensión del evangelio, haciendo que el mensa­je de Jesús llegue a todos. Ellos ne­cesitan nuestra oración y también nuestra solidaridad material, ofre­ciéndoles algo de lo nuestro para que puedan llevar adelante los mejores proyectos

El lema de este año es muy inci­sivo: ¡Cambia el mundo! Se dirige a cada uno de nosotros. ¿Qué estoy dis­puesto a aportar para cumplir con lo que me corresponde en ese cambio?

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real