Sé amigo de ti mismo
Sé amigo de ti mismo
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Mons. Francisco Cerro Toda la espiritualidad cristiana de los grandes maestros en los monasterios, en vida contemplativa, en la vida activa, en las entrañas del mundo, ha transmitido: "Sé amigo de ti mismo".
Algunos pueden pensar que Jesús en el Evangelio tiene expresiones que nos hablan de "negarnos a nosotros mismos",
de "renuncias", de "olvido de sí" y entonces: ¿cómo se puede armonizar por una parte la abnegación cristiana
(negarte a ti mismo) con el sé amigo de ti mismo, trátate con misericordia? Sé bueno contigo, el desprecio no conduce
a ningún sitio. Ten misericordia
contigo mismo.
o veo que exista mucha contradicción o que sea irreconciliable. La reconciliación con uno mismo, y por otra parte negarse al egoísmo, al egocentrismo que no suele llevar a la felicidad porque en el fondo es falsificar el auténtico amor.
El papa Francisco repite mucho que a la sociedad y al hombre de nuestro tiempo le cuesta encontrar la alegría porque se ha instalado en el egoísmo y repite "no conozco a ningún egoísta que sea feliz". Yo tampoco conozco a ninguno que esté solo pensando en sí mismo y que sea feliz. Ser amigo de uno mismo es tratarse bien. Para mejor invertir en el servicio a los demás. ¿Puede dar paz quien no la tiene?
Volvemos pues a preguntarnos si la doctrina de Jesús del Evangelio, de la
tradición espiritual de la Iglesia el ser amigo de uno mismo, el tratarse bien, el mirarnos con ojos de misericordia no puede llevarnos a un refinado egoísmo.
Esto está en el Evangelio ¡Claro que es Evangelio puro! ¡Claro que está en el corazón del Evangelio que tratarse bien a uno mismo, que ser amigo de uno mismo es bueno! Si vivimos heridos, herimos; cuando tenemos paz la transmitimos; cuando
somos amigos de nosotros mismos y nos comprendemos y nos aceptamos
con nuestros límites, comprendemos y aceptamos a los demás con sus límites y
sus pecados. Integramos nuestras limitaciones y las vivimos desde la misericordia
de Dios y así lo hacemos con los que nos rodean.
La verdadera abnegación de uno mismo para seguir a Jesús es mirarse con ojos de misericordia y recorrer el camino de la vida espiritual que nos lleva a ir poco a poco quitando de nosotros lo que nos impide crecer en amor, en santidad, en reconciliación, en ternura, en esperanza, en servicio.
El ser duro con uno mismo, el no tratarnos bien automáticamente no nos lanza a la santidad a ser cristianos coherentes. Tratarse bien uno mismo no es darse los caprichos que me pide el cuerpo, sino construir desde nuestra pobreza y desde nuestras fuerzas, contando siempre con la gracia de Dios para vivir con los sentimientos del Corazón de Cristo, un corazón reconciliado y entregado.
? Francisco Cerro Chaves,
Obispo de Coria-Cáceres