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Las artimañas de la justicia para no investigar las denuncias falsas presentadas por la mujer contra su pareja

La expareja de Pablo fue condenada por maltrato físico

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Tiempo de lectura: 3'Actualizado 01:51

Pablo lleva años viviendo un calvario. En múltiples ocasiones su mujer le ha denunciado por malos tratos, cuando las agresiones fueron en sentido contrario. No sabe nada de su hija desde hace seis años, cuando concedieron a su expareja la custodia.

Todo comenzó en el año 2013: “Llegué a un acuerdo verbal con mi mujer hasta que hubiera sentencia firme por el cual cada dos fines de semana yo estaría con mi hija. Desde el principio no cumplió con lo acordado. Durante varios fines de semana, iba a recoger a mi hija a la casa donde vivían las dos, pero para mi sorpresa nunca estaban. Un día, me comentaron que estaban en un bar cercano, escondiéndose de mí. En cuanto entré en el bar y las vi, mi hija lo primero que me preguntó fue por qué llevaba tanto tiempo sin venir a verla. Enseguida ella comprendió que su madre la estaba engañando, y me dio un abrazo. Aquello sentó tan mal a la madre, que me agredió con varios puñetazos en el pecho.”

Pablo grabó aquellas agresiones en el establecimiento sin que su mujer lo supiera: “En el mismo bar llamó a la policía para denunciar que la estaba agrediendo. Vinieron dos patrullas, y en ese momento mi hija confesó que era mi mujer quien me había pegado, y no al revés. Tras lo ocurrido, la denuncié.”

La expareja de Pablo reaccionó a aquella denuncia interpuesta por quien fue el hombre de su vida: “De hecho, en Facebook había anunciado que con motivo del Día del Padre me había regalado una denuncia por malos tratos. Al día siguiente, durante la vista oral, ella se contradijo. Presenté numerosas pruebas para demostrar que la denuncia era falsa. Finalmente fue archivada. Quedé libre sin cargos.”

Tres años más tarde, se juzgó las agresiones de la esposa de Pablo en el bar. Tanto ella como su madre dieron un testimonio falso, en el que culpaban a Pablo de las agresiones. Este último por su parte relató su verdad. Ante las dudas de la jueza, Pablo mostró el vídeo que grabó en el establecimiento: “En ese momento su señoría se dio cuenta de que quien mentía era ella, por lo que fue condenada a diez meses de prisión y un año con orden de alejamiento. No fue a prisión por no contar con antecedentes legales. Eso sí, tuvo que realizar un cursillo para maltratadores por un periodo de seis meses.”

No obstante, las agresiones a Pablo comenzaron en los últimos meses del matrimonio. Ella sufría capítulos depresivos: “Me responsabilizaba a mí de todos sus problemas. Además estaba celosa, porque era yo quien tenía buena relación con mi hija, al ser el que más tiempo pasaba con ella. Eso a mi mujer le reventaba, y hacía que se comportara de manera violenta, con agresiones físicas y verbales.”

La relación de Pablo con su exmujer es actualmente inexistente. Sin embargo, tras la condena a diez meses de prisión, ella ha continuado denunciando a Pablo. Todas ellas resultaron ser falsas. Cansado de la situación, Pablo optó por emprender acciones legales contra la madre de su hija, con el fin de que se investigaran esas denuncias. Sus intentos fueron inútiles, ya que a la justicia no le interesaba investigar: “Dos o tres meses después de denunciarlo, acudí a la sala de la fiscal jefe para conocer cómo iba el proceso. Grabé la conversación sin que ella lo supiese. Me comentó que había perdido las pruebas que demostraban que las denuncias eran falsas. Yo le comenté que las pruebas las tenía disponibles en una carpeta para volver a ponerlas a disposición del caso. Pero la fiscal me dijo que no me molestara, ya que las pruebas se volverían a perder. Dicho de otro modo, no querían investigar. Muchos padres están en la misma situación que yo. Guardan los casos en el cajón y no investigan.”

Pese a todo, la custodia de su hija la tiene la madre: “En la sentencia de divorcio no regularon ni siquiera mi régimen de visitas con mi hija. No solo no estoy condenado, sino que he aportado vídeos y pruebas, y no ha servido de nada. Llevo años sin ver a mi hija, y sé que ella está muy mal. Se ha intentado suicidar hasta en seis ocasiones.” Pablo ha recurrido la sentencia, con resultados nulos: “Mi dolor es inmenso. Estoy muy mal.”

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