La humillación que sufrió un estudiante por culpa de la crueldad de las novatadas: "Tragué agua del váter"

El protagonista de este relato ha desvelado a Imparables las duras prácticas que sufría por parte de sus verdugos

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Alberto ha tratado de olvidar sus primeras semanas en el colegio mayor, “como mecanismo de autodefensa”, nos cuenta. Fue en el año 2011 cuando este abogado afincado en Barcelona llegaba a la capital de España con la inocencia propia de la edad para estudiar Derecho, Administración y Dirección de Empresas.

En el colegio mayor pudo comprobar desde el primer día que la convivencia no sería tarea sencilla. Fue víctima de todo tipo de novatadas. Algunas francamente repugnantes, como beber agua de un váter sucio“A saber las enfermedades que pudimos contraer. También recuerdo que los veteranos nos hacían un pasillo para golpearnos la cabeza con distintas herramientas. El alcohol jugaba un factor importante, porque constantemente ibas bebido para que pudieran hacerte de todo.”

Pese a esta larga lista de agravios, lo peor para Alberto fue el día en el que el veterano de la habitación de al lado procedió a afeitarle las cejas: “No implicaba dolor corporal pero durante el mes y medio que tardaron en crecer nuevamente, fue una humillación constante. Las tuve que disimular con lápiz de pintar, pero se notaba. Cada vez que lo explicaba se reían de mí.”

Alberto tampoco olvidará las novatadas a las que sometían a las chicas en los colegios mayores: “Adoptaban actitudes completamente machistas. Por ejemplo, les obligaban a asumir un rol sumiso, como acercarse a un chico y besarle, como mínimo. Organizaban incluso subastas en el que colocaban a cada novato en fila para que las novatas pujaran por ellos. Estaban obligadas a hacer con ellos lo que quisieran los veteranos. Ya me entiendes.”

Alberto logró aguantar la presión a la que estaba siendo sometido. Tenía que tomar medidas drásticas y más propias de un estado de guerra, como no hacer ruido cuando estaba en la habitación para evitar ser descubierto: “Existía una regla por la que los novatos, cuando estaban en la habitación, tenían que dejar la llave por fuera para indicar que estábamos dentro. Yo no lo hacía, pero tenía un miedo atroz a que me pillaran. Afortunadamente nunca lo hicieron.”

Ante dicho panorama y altas dosis de sufrimiento, Alberto se planteó dejar los estudios: “Había gente que sí dio el paso de dejarlo. El dolor es inmenso, y quien lo niegue, miente. En mi curso había un chico que cuando fuimos veteranos fue de los que más machacaban a los novatos y yo sé, por nuestras madres, que se conocían, que llamaba todas las noches llorando a su madre por sufrir novatadas. Con esto te quiero decir que en muchos casos los veteranos actúan en parte por venganza. Hacer sufrir porque yo sufrí un año antes.”

Pese a la mala experiencia, el estudiante de Derecho asegura no guardar rencor a los que le acosaban: “Era consciente de que pertenecían a un grupo. Pero sí que hay chicos que llevo años sin ver, y si me los cruzara por la calle cambiaría de acera”, sentencia.