El párroco de Adamuz, sobre las víctimas del accidente: "El mayor consuelo es escuchar y dejar que se desahoguen"

Rafael Godoy narra en COPE cómo el pequeño municipio cordobés se ha volcado para atender a los heridos y acompañar a los familiares en estas horas de espera

Ana Palacios de Elías

Madrid - Publicado el

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La localidad de Adamuz sigue conmocionada horas después del accidente de tren. Mientras las autoridades trabajan en la identificación de los fallecidos, los familiares aguardan noticias en el hogar del pensionista. Hasta allí se han desplazado el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, y el párroco del pueblo, Rafael Godoy, para acompañarles en su dolor. "Cuando alguien pierde a un ser querido y sufre ese desgarrón en el corazón, lo único que puedes es darle ese abrazo que necesitan y dejar que se desahoguen contigo", ha explicado el sacerdote en Mediodía COPE.

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El obispo muestra su "cercanía" con las familias

Un pueblo volcado

El padre Rafael se enteró de la noticia por un vecino y, a los pocos minutos, las llamadas comenzaron a sucederse. La reacción fue inmediata: "Abrimos el almacén de Caritas para sacar todo lo que pudiera servir de ayuda, y todo el mundo empezó a bajar, toda la gente del pueblo empezó a colaborar". Se trata de un pueblo de 4000 habitantes, una comunidad "que se conoce y es capaz de movilizarse al instante".

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La parroquia del pueblo abrió sus puertas para acoger a los supervivientes que no necesitaban atención sanitaria. El coro se habilitó para recibir a los heridos leves, que pasaron allí la noche hasta que fueron reubicados en autobuses según su destino. "Las últimas chicas que quedaban, que eran 3, eran de Toledo, ya vinieron a recogerlas sus madres", relata el párroco sobre unos momentos de gran emotividad.

El relato de los supervivientes


El sacerdote ha compartido la historia de una de esas jóvenes, que se encontraba en estado de shock. Viajaba en uno de los vagones que volcó y la persona a su lado había fallecido. Ella misma reconocía que "no era consciente de lo que estaba viviendo" y que no lo asimilaría "hasta que no se despertase al día siguiente". El párroco describe que, en su estado, "lo contaba como diciendo eso, 'no soy consciente de lo que yo he visto'".

La mañana después de la tragedia

Esta mañana, el pueblo ha intentado recuperar su "día a día ordinario", pero con la tragedia de fondo. "Cuando subía con el obispo al hogar del pensionista, me cruzaba con varias personas y solo recordar el tema, pues les llenaba los ojos de lágrimas", cuenta Godoy. La labor de consuelo, como la que ha realizado el obispo, ha sido fundamental.

Según el sacerdote, en estas situaciones, "el mayor consuelo que se puede dar es simplemente escuchar, mirarle a los ojos y dejar que ellos, pues, se desahoguen, te abran su corazón, y eso es lo que ha hecho el obispo". Los voluntarios que acudieron al lugar del siniestro en un primer momento, muchos de ellos vecinos, ya han sido instados a retirarse para no entorpecer las labores de los profesionales.

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