Juan Carlos, el voluntario que llegó de Cuba con 12 años: "Tener un grupo de apoyo habría cambiado mi vida"

Un joven que emigró siendo niño comparte su experiencia de integración y ayuda a otros adolescentes en Ferrol a través de un proyecto de Cáritas

Ana Palacios de Elías

Madrid - Publicado el

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El Consejo de Ministros ha aprobado recientemente el real decreto para la regulación extraordinaria de inmigrantes, una medida que podría beneficiar a más de medio millón de personas. La iniciativa, impulsada por más de 900 organizaciones, ha sido celebrada por entidades como Cáritas, que la consideran un acto de "justicia social". Ana Abril, coordinadora de incidencia política de la organización, afirma que "son personas que están en nuestra sociedad, que están contribuyendo y que no tenían derechos. Esto, como sociedad, no nos lo podíamos permitir"

En este contexto, Cáritas desarrolla en Ferrol el Proyecto Amodiño, un espacio de ocio y actividades para ayudar a adolescentes y jóvenes inmigrantes a partir de 13 años. Al frente de uno de estos grupos está Juan Carlos Gutiérrez, un cubano de 28 años que llegó a España con solo 12 y que, como voluntario, entiende perfectamente los desafíos de los recién llegados.

Una integración con obstáculos

Juan Carlos abandonó Cuba de la mano de su madre en busca de "una mejor vida". Aunque su proceso de regularización fue ágil por ser menor, recuerda las dificultades de su madre, que tuvo que aceptar "trabajos precarios, trabajos mal pagados" hasta que consiguió sus papeles y pudo traerlo a España.

La integración no fue sencilla. "Al principio sí, por supuesto. Sobre todo, en la lengua y y mis amigos", explica. El acento cubano fue motivo de burla en el instituto: "Eran pequeñas bromas, eran pequeñas risas y que al fin y al cabo hay que saber lidiar con ellas, pero al fondo molesta". Esta situación le llevó a perder su acento, el cual no intentó recuperar hasta ser mucho mayor.

Para Juan Carlos, la diferencia entre tener o no tener papeles es inmensa. "Vulnerabilidad, es la palabra clave en todo esto", asegura, explicando que la irregularidad no solo limita el acceso al trabajo, sino también "las relaciones personales, es poder salir a la calle sin ese temor a a sentirte que no eres parte de ahí".

El valor del voluntariado en Ferrol

Ahora, como voluntario del grupo motor juvenil de Ferrol, Juan Carlos dedica su tiempo a que otros no pasen por lo mismo. En el grupo, que ha crecido hasta contar con unos 20 chicos y chicas de entre 13 y 17 años, se trabajan "las relaciones personales, el poder hacer amigos, poder integrarse, sentirse cómodos, crecer como personas, enseñar valores".

Al ver a los jóvenes, se ve reflejado a sí mismo. "Completamente", admite. A menudo les dice: "No sabéis la suerte que tenéis de tener un grupo como este, porque yo en su momento no lo tuve, y habría cambiado completamente mi vida, la verdad".

Una nueva vida en España

Actualmente, Juan Carlos vive en Narón y ha encontrado estabilidad laboral en una carpintería. Aunque su formación es de informático, la necesidad le llevó a cambiar de rumbo. "Hay que estar abierto de mente y no cerrarse en quiero esto y ya está, o sea, hay que trabajar", reflexiona sobre su sorprendente giro profesional.

Sobre la nueva regularización, que conoció por su grupo de voluntariado, la considera "ya no necesaria, imprescindible". Piensa en el alivio que supondrá para miles de personas que viven en una situación de gran vulnerabilidad, "con hijos, sin tener un piso, etcétera", una circunstancia en la que, concluye, "no me quiero ni ver".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.