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Padres maltratados por su hija: “No entendíamos que nos quisiera al mismo tiempo que nos hacía daño"

La conducta de su hija fue aumentando en escala de violencia hasta el punto de llegar a agredir físicamente a su madre

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Pilar Abad Queipo
@pilarabad

Redactora

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 14:23

Cada año en nuestro país se abren cerca de 4.000 expedientes a jóvenes por agresiones a sus padres, según datos de la Fiscalía de Menores. Pero solamente se denuncian los casos más graves, que son entre un 10 y un 15% del total.

En 'Mediodía COPE' queremos conocer más de fondo este problema y lo hacemos a través del trabajo que llevan a cabo en la Fundación Amigó, donde ayudan a recomponerse a familias tocadas por esta violencia fiiloparental.




Los protagonistas de nuestra historia son Javier e Irene, padres de Claudia, una adolescente de 14 años. Estos padres acudieron, hace 10 meses, a la Fundación porque necesitaban ayuda, ya que la situación en casa se hacía insostenible.


Las primeras señales que pusieron en alerta a Javier e Irene

Como nos cuentan estos padres, decidieron acudir a la Fundación Amigó cuando “empezábamos a ver que mi hija desobedecía, le poníamos límites de hora y no llegaba a su hora, incluso no fue a casa una noche”.

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Unas primeras señales con las que Claudia puso en alerta a sus padres que no dudaron en pedir ayuda psicológica que les recomendó acudir a la Fundación porque nos decían que “nuestra hija empezaba a cumplir el patrón de un adolescente que acaba teniendo estos episodios de violencia fiioparental”.

Un duro golpe para esta madre que “no creía que fuera posible que fuéramos a llegar a la situación a la que llegamos”, confiesa esta madre que relata que fue justo cuando empezaron a ir a la Fundación “la comunicación con nuestra hija empezó a empeorar y empezamos a tener episodios de violencia en casa”.





Como ratifica Javier, ese fue el momento justo en el “que a mí me hizo clic la cabeza” porque ya no podíamos seguir así. “El momento en el que evidentemente la niña pasa de una violencia verbal a llegar a agredir físicamente a mi mujer”, detalla.

En el caso de esta familia, su hija Claudia ya estaba recibiendo terapia con un profesional, un hecho importante para ellos porque les ayudó a enfocar el problema y descubrir, como nos explica Irene, que “el problema no era de ella, sino que el problema era de toda la familia, que teníamos que aprender todos a convivir y a comunicarnos de otra manera para que la cosa fuera bien. Es decir, hacerle ver que, de la misma manera que a lo mejor ella estaba cometiendo errores, nosotros también los estábamos cometiendo y todos teníamos que aprender”.

De esa manera, a su hija Claudia este análisis le animó a entrar en la Fundación Amigó cuando sus padres le comentaron la idea. Un alivio y sabia decisión, porque como lamente su madre, “la solución que nos dio el otro profesional era directamente encerrar a la niña, privarla de todos sus privilegios y convertirnos nosotros en sus carceleros, lo cual no iba a ser una muy buena solución,”.

Violencia filioparental

Violencia filioparental (CORDON PRESS)



Reconocer la violencia y recuperar el afecto: principales pilares de la intervención de la Fundación Amigó

Cunado Javier e Irene llegaron a la Fundación Amigó empezaron a trabajar con Cristina, psicóloga, que es la que les ha ido ayudando en todo este proceso.

Un trabajo en el que es fundamental la “intervención familiar”, subraya la especialista, ya que es importante dotarles de un “espacio en el que se pueda hablar de lo que ocurre en casa sin que nadie pueda huir y sin que la violencia no ponga fin a una conversación”.

Además del trabajo familiar también se hace trabajo individual con cada una de las partes afectadas en los que, en el caso de los padres, se tratan “estilos educativos, se les enseña a poner normas y también a recuperar ese afecto con los hijos y con las hijas, que a veces después de una situación de violencia vienen muy dañados”; mientras que en el trabajo con los hijos “lo primero que se trabaja siempre es el reconocimiento de la situación de violencia y la extinción de la misma”, explica Cristina.


Diez meses después: “Es otra niña”

Tras diez meses de trabajo con Cristina y otros profesionales de la Fundación Amigó, Javier e Irene no ocultan su emoción al asegurar que “es otra niña”.

“Está afectuosa, está motivada, vuelve a sacar buenas notas y se quiere ir a estudiar a Estados Unidos”, comenta orgullosa la madre de Claudia.

Eso sí, el camino para lograrlo no ha sido fácil como confiesa su padre, “pasas por momentos de desafección muy grandes y te tienes que recordar una especie de mantra de, mira, esta no es mi hija, es la adolescente que tiene dentro, esto se va a pasar y va a volver a ser la niña estupenda, amorosa y maravillosa que siempre hemos tenido”.

Y también, subraya Irene, tiempo para “entender que ella también está sufriendo porque aunque ella es quien lo provoca, o en algunas situaciones es, la que llega a subir en la escala de violencia y en ese momento piensas que es como la niña del exorcista que está poseída y tal; ella está sufriendo”.

Esta es, sin duda, como admite la madre, “una de las cosas que a mí casi me costó identificar, creer que ella lo pasaba mal. Y tampoco podía entender que me quisiera al mismo tiempo de que me estaba haciendo el daño que me hacía”.

Violencia filioparental

Violencia filioparental (CORDON PRESS)



Desde un portazo a no cumplir las reglas: primeras señales de alerta para detectar la violencia de tu hijo

Cristina, psicóloga de la Fundación Amigó, nos explica cuáles son las primeras señales con las que podemos sospechar que la violencia verbal se desencadena en violencia física, ya que esta no es la “primera que empieza”.

Para la psicóloga, este tipo de conductas “siempre empieza en conductas que normalizamos, que minimizamos, como el primer portazo, el primer 'eres tonta', el primer' cállate'. El primer no seguir las reglas, ahí es cuando ya tenemos que empezar a pensar que algo no va bien y que hay que empezar a buscar soluciones y que en casa se está siendo violento y lo estamos tolerando”.

Por eso, alerta Cristina que “las primeras señales de alerta son esas respuestas que naturalizamos como adolescencia y no lo son. Malas contestaciones, portazos, no seguir indicaciones... Ahí es donde hay que empezar a poner el foco para prevenirlas y no llegar a situaciones más graves”.



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