"La extrema izquierda española busca un rebranding. ¿Y esto qué es? Cambiarlo todo para que no cambie nada"
Escucha el monólogo de Pilar García de la Granja del jueves 19 de febrero
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Jueves 19 de febrero. En un mes estamos celebrando el Día del Padre, San José, como diría Herrera, "cómo pasa el tiempo...".
Imagínate si pasa que han pasado 54 años de este momento.
1972, 13 de febrero. Sapporo. Francisco Fernández Ochoa, "Paquito", ganó la histórica medalla de oro en eslalon especial de esquí alpino en los Juegos Olímpicos de Invierno.
Bueno, pues en directo podemos contaros hoy que Oriol Carmona y Ana Alonso podrían llevarse también medalla olímpica.
Y el tiempo pasa, pero parece que vivimos en el día de la marmota en las cosas de la mediocridad.
Fíjate, la extrema izquierda española ha llegado al momento en el que busca un rebranding.
¿Y esto qué es? Cambiarlo todo para que no cambie nada.
Pero claro, el tiempo pasa y cosas pasan también durante ese tiempo.
¿Qué cosas?
La primera tiene que ver con las expectativas; quien quiere ser el líder de esta nueva extrema izquierda, que no ultraizquierda, se llama Gabriel Rufián. El portavoz de la extrema izquierda independentista catalana.
Ayer se postuló con una idea muy de extrema izquierda a representar a la extrema izquierda, el sacrificio de los compañeros en el territorio para alcanzar un supuesto bien común: la supervivencia de alguno, claro.
Intelectualmente es una idea atractiva.
Se postula él, porque la lideresa comunista ya se autoexcluyó cuando perdió las elecciones municipales del 2023.
Luego están los tardocomunistas o hispanoperonistas de Mas, Más Madrid, Más País..., que se han quedado en más es menos, pero que empiezan a ver que su discurso woke ya no cala en los barrios. Cambian el paso y hablan de seguridad.
Y para terminar de rizar el rizo, los 180 grados de Rufián sobre el burka. Claro, esto que dijo ayer por puro electoralismo se da de bruces con sus íntimos socios hasta ahora: Podemos y su teoría del reemplazo de Irene Montero
Y solo estamos hablando de la extrema izquierda; todavía no hemos llegado a la ultraizquierda de los comuns, la CUP, o ya los indescriptibles como Bildu.
No sé cómo lo ves tú, pero los currantes, esos millones de hombres y mujeres que ven que su futuro es una paguita y lo que quieren es trabajar y progresar - ya sabes la extraña manía de querer vivir mejor – ya no están para que les llamen fachas, fascistas, xenofobos o blancos pobres o asesinos medioambientales.
¿Sabes lo que pasó en Estados Unidos?
Que los ricos de izquierdas se dedicaban a llamar desde sus apartamentos de 1 millón de dólares en Manhattan, White trash a los blancos pobres que habían perdido su empleo en las zonas industriales como Detroit, Ohio, Illinois...
Y llegó un momento en el que decidieron que les echaban de la Casa Blanca a costa de lo que fuera.
Y ahí están los demócratas preguntándose qué pasó con sus votantes y esperando, sí, sí, esperando, a ver si un astronauta les lidera de vuelta a la vía del sentido común. No, no es una broma. Es senador y se llama Mark Kelly".