Quién reconstruirá al hombre herido

Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 11 de marzo

José Luis Restán

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El padre Toufic Bou Merhi dice que no es periodista, que no es bueno escribiendo artículos. A mí me parece que sí cuando leo su crónica de cómo se está desgarrando esa querida y misteriosa nación que se llama El Líbano. Este franciscano, párroco de los católicos de rito latino en Tiro, dice que en estos meses ha visto crecer a su alrededor rabia, miedo e inseguridad. La gente sigue viviendo, trabajando, buscando una frágil normalidad, pero en su interior lleva una carga difícil de explicar. ¡La gente común! Esa que no sale en los gráficos ni en las estadísticas de la guerra.

El artículo del que hablo, publicado en Vatican News es también su homenaje a su amigo, el padre Pierre El Raii, cuya única culpa fue querer permanecer junto a sus feligreses cuando el ejército israelí había decretado que todas saliesen porque iba a bombardear la zona. “Su error fue responder a una petición de ayuda, intentó socorrer a una persona que lo había llamado, y ese gesto le costó la vida”. Dice fray Toufic que “el padre Pierre era la generosidad y la disponibilidad encarnadas en un párroco; intentaba frenarlo para que tomara aliento, pero nunca lo conseguí, confiesa”.

La explicación oficial de su muerte se resume en dos palabras: “daños colaterales”, una fórmula fría, casi técnica, utilizada para explicar lo que sucede cuando una operación militar afecta también a quienes no tienen nada que ver. Fray Toufic es bueno escribiendo artículos. Dice que “se habla de ataques selectivos, de tecnologías militares sofisticadas, pero hay una destrucción que ninguna cámara puede mostrar: la que se produce en el corazón de las personas.” En el corazón de muchos está creciendo el miedo al otro, al que es diferente, al que está al otro lado. Y se pregunta Toufic cómo se puede construir la paz si antes no se cura este miedo, ¿quién reconstruirá al hombre herido por la violencia, el miedo y la tristeza? Sin eso, qué clase de seguridad y de paz podemos esperar, incluso si callan las bombas…