Una pequeña semilla que contiene todo
Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 14 de abril
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Para Robert Prevost las jornadas de ayer y de hoy en Argelia tienen un eco muy especial en su corazón. Ya había viajado a ese país como Prior de los agustinos, ahora pisa esas tierras en las que “resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos”, como sucesor del apóstol Pedro.
Pero no es sólo eso. Ayer en la basílica de Nuestra Señora de África evocó el testimonio de los 19 mártires que durante los años 90 del pasado siglo eligieron quedarse en Argelia durante la terrible guerra civil y “permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de su vida, sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera, porque sabe en quién ha puesto su confianza”. Entre ellos, dos misioneras agustinas españolas, Esther Paniagua y Caridad Álvarez. León XIV visitó ayer el Centro de Acogida y Amistad donde ellas vivían, y de donde salieron para asistir a Misa cuando fueron asesinadas por terroristas del GIA. En ellas se resume la misteriosa historia de la Iglesia en este país de inmensa mayoría musulmana, una pequeña semilla, sí, pero que contiene toda la potencia del Resucitado: la luz racional de la fe, el ardor de la caridad, la entrega de la vida hasta el extremo.
En pocas horas el Papa celebrará la Misa en la basílica de San Agustín, en Annaba. Y allí va a recordar que la Iglesia no se basa en un contrato social, sino en la armonía de la fe, que abarca los afectos, las ideas y las opciones de vida, porque tiene su centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra. Y va a recordar que la misión de la Iglesia, ya sea grande o pequeña según las medidas del mundo, es siempre comunicar la vida nueva que Jesús le ha donado. Por eso, donde hay desesperación, enciende esperanza; donde hay miseria, lleva dignidad; donde hay conflicto, lleva reconciliación. La historia de la Iglesia en Argelia durante los últimos 50 años muestra precisamente esto, y por eso León XIV nos la propone hoy a todos como un faro.