El nuncio que no escapó del infierno
Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 3 de febrero
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Una sobria comunicación de la Oficina de Prensa de la Santa Sede comunicaba ayer la aceptación por el Papa de la renuncia presentada por el cardenal Mario Zenari a su servicio como nuncio apostólico en Siria, al haber cumplido 80 años. Apenas línea y media detrás de la cual se esconde una gran historia. Zenari se definía a sí mismo como un «veterano de guerra». En los primeros años de la década de 2000 fue nuncio en Costa de Marfil, Níger y Burkina Faso, de allí pasó a Sri Lanka y, en 2008 Benedicto XVI le pidió mudarse a Damasco. Aquella era una Siria que gozaba de cierta estabilidad y vivía el auge del turismo y un aire de mejora económica, todo bajo la losa del régimen de Assad. Los cristianos gozaban de relativa seguridad porque el régimen contenía al extremismo islamista. Todo eso saltó por los aires en 2011. Comenzaron los atentados del Daesh, las revueltas en las ciudades y la represión despiadada del régimen. Mucho después, el nuncio Zenari llegaría a hablar del “infierno en la tierra”. Este hombre que no levantaba la voz, de ademanes amables y formación diplomática decidió permanecer en ese “infierno”.
En 2016 el Papa Francisco, en un movimiento inédito, le nombró cardenal como “un gesto de amor hacia la martirizada población siria”, y también un signo de apoyo a la diplomacia como forma de afrontar los conflictos en el mundo. El Papa pidió al nuevo cardenal permanecer en Damasco cuando todo el cuerpo diplomático había salido por la situación de extrema inseguridad. Se lo volvió a pedir hace cinco años, cuando al cumplir 75 podía aspirar a un legítimo retiro. “Esta misión es un privilegio que me ha dado Dios, una experiencia conmovedora desde el punto de vista humano”, dijo entonces. En los últimos años, el cardenal Zenari ha visto caer al régimen de Assad, ha visto nacer nuevas esperanzas y también las ha visto caer.
No sabemos cómo, pero la Iglesia seguirá presente en este antiguo país y el nombre de Mario Zenari quedará escrito en los corazones de los cristianos que desean permanecer y en el de muchos musulmanes que han visto en su presencia el testimonio de una humanidad distinta.