“Pero yo os digo”
Escucha la Firma de José Luis Restán del lunes 16 de febrero
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El Evangelio del pasado domingo puede llevarnos a la falsa impresión de que el cristianismo es una especie de “más difícil todavía, un ideal imposible salvo que fuésemos titanes de la moral. Jesús va repasando las exigencias de la Ley mosaica, que conocían todos los israelitas, y a continuación parece dar un giro de tuerca a cada una de ellas: “pero yo os digo” ..., no es suficiente no matar físicamente a alguien, no es suficiente seguir formalmente con tu mujer… Previamente les había advertido que no había venido a abolir la Ley sino a llevarla a su plenitud.
Podemos sentir ese “pero yo os digo” como una amenaza, cuando es al revés. Evidentemente, conseguir ese ideal de vida está más allá de las fuerzas de cualquier ser humano. Pero precisamente es en la Palabra viva de Jesús, en su Presencia junto a nosotros a través de los sacramentos y de la comunidad de la Iglesia, en lo único que podemos descansar. En ese “pero yo os digo” está la novedad cristiana, porque Jesús está diciendo que es con Él, con su fuerza, con su Luz, como podemos ser realmente nosotros mismos. Por eso los más pobres y heridos, cuando estaban a su lado no sentían este discurso como un fardo sino como una promesa de vida plena.
La fe cristiana no consiste en el cumplimiento titánico y minucioso del código moral más exigente, sino en la respuesta confiada de la libertad del hombre a Dios, que por amor ha salido a nuestro encuentro en su Hijo. Como dijo ayer el Papa en el Ángelus, “el Evangelio nos ofrece esta preciosa enseñanza: no se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios.”
“Pero Yo os digo” es la invitación a ir más allá de nuestros códigos para entrar en el espacio de la libertad y del amor de Dios que se nos ha mostrado carnalmente en Jesucristo, y que sigue presente en medio de nosotros.