Los hechos son tozudos

Escucha la firma de José Luis Restán del jueves 9 de abril de 2026

José Luis Restán

Publicado el - Actualizado

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Los hechos son tozudos. En Francia se han bautizado esta Pascua 13.000 adultos y más de 8.000 adolescentes. Por lo que se refiere a los adultos, el incremento respecto al año anterior es del 28%, pero si contemplamos el arco de los últimos diez años, el número de bautizos se ha triplicado. No se trata de gente que se emociona en un concierto. Hablamos de personas que entran en un largo camino de preparación, que aceptan cambiar de vida y vincularse a una comunidad, y que con frecuencia deben afrontar incomprensiones y hasta hostilidad en sus entornos naturales. No estamos ante una anécdota, y tampoco ante una “cuestión francesa”.

En la diócesis inglesa de Westminster se han bautizado 1.200 adultos en los últimos dos años, y el incremento respecto al periodo anterior es del 60%. El fenómeno impresiona también en los Estados Unidos, por ejemplo, en la gran diócesis de Los Ángeles, con 8.500 bautizos de adultos este año, y en Atlanta, una plaza históricamente menos marcada por la tradición católica, 3.500. Incluso en Alemania, donde la Iglesia sufre profundas tensiones debido al llamado Camino Sinodal, se detecta este fenómeno. En España, aun sin datos agregados de todas las diócesis, se estima que este año serán 14.000 los adultos que reciban el bautismo y los sacramentos de la iniciación.

Todo esto no ha sido fruto de una estrategia. Como decía un responsable de la diócesis de París, estamos ante un imprevisto despertar de la fe que solo se puede explicar por la acción de la gracia. También es ridículo abalanzarse a etiquetar el fenómeno: que si tiene resonancias políticas, que si responde a una nostalgia de la vieja cristiandad… Basta escuchar sus testimonios para comprender la diversidad de caminos que les han traído a llamar a la puerta de la comunidad cristiana.

La Iglesia tiene que acoger y custodiar este don inesperado, acompañar un camino que pasa siempre a través de la libertad y que debe afrontar los desafíos de la vida adulta. Por supuesto, también hay gente que se aleja, y el mundo que vive de espaldas a la fe es inmenso. Cualquier triunfalismo sería ridículo, pero la gratitud y la responsabilidad se imponen ante estos hechos.

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