Agradecidos de pertenecer a su misma historia

Escucha la Firma de José Luis Restán del miércoles 18 de marzo

José Luis Restán

Publicado el

2 min lectura

Todas las iglesias de Japón celebraron ayer la fiesta de “Nuestra Señora del Descubrimiento de los Cristianos Japoneses”, para recordar que el 17 de marzo de 1865 un misionero francés se encontró con los cristianos ocultos del país del sol naciente, los “kakure kirishitan”, que por primera vez en más de 200 años revelaron su condición ante un sacerdote. Tras la epopeya misionera de San Francisco Javier y sus compañeros, que provocó un rápido florecimiento de la fe, se desató una cruel persecución que produjo numerosos mártires. Japón cerró sus puertas y, durante más de dos siglos, siete generaciones de cristianos vivieron en la clandestinidad, transmitiendo su fe oralmente de padres a hijos y sin poder celebrar los sacramentos. Es una de las páginas más impresionantes de la historia de la Iglesia, y apenas la conocemos.

En 1865, Japón permitió entrar a sacerdotes católicos para atender a las necesidades espirituales de los extranjeros, ya que se había reanudado el comercio con occidente. Eso permitió que se desvelase una realidad oculta para las propias autoridades. Los cristianos hasta entonces ocultos llegaron a una capilla donde celebraba el padre Bernard Petitjean y le plantearon tres preguntas: si el Pastor universal de la Iglesia vivía en Roma, si estaba casado el sacerdote y si creía en la Madre de Dios. Sólo al escuchar sus respuestas se convencieron de que aquel hombre profesaba la fe de sus antepasados.

La esperanza con la que habían vivido durante años se había hecho realidad y así pudieron hacer visible el vínculo con la Iglesia universal que habían vivido en heroico silencio y siempre bajo amenaza. He seguido a través del canal de Youtube de la diócesis de Nagasaki la hermosa celebración que tuvo lugar ayer en memoria de ese acontecimiento. Los que participaban son herederos de esta historia. Son plenamente japoneses y católicos. Siguen siendo una pequeña minoría, un grano de sal, una semilla de esperanza. Y yo me siento humilde y agradecido de pertenecer a su misma historia.