Posibilitar el amor, no impedirlo

José Luis Restán

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En estos días circula por doquier una hermosa carta de Cuaresma firmada por los obispos de las diócesis de Escandinavia sobre la sexualidad humana. ¿Quién nos iba a decir que del frío norte de Europa, moldeado primero por la Reforma protestante y conquistado después, aparentemente, por el relativismo absoluto, pudiese llegar una luz tan clara y tan cálida sobre un asunto que, en la mayoría de los casos preferimos eludir?

Es una carta escrita desde las entrañas de la Europa descristianizada, donde los católicos son una exigua minoría que no pretende defender ningún espacio, pero donde tienen el empuje de una fe experimentada como novedad radical que ofrece una esperanza imbatible. Sorprende que el texto es, al tiempo, claro y amable, firme y acogedor, arraigado en la Tradición católica y en diálogo con la cultura actual.