El COVID que no se va: la lucha de dos millones de españoles contra la enfermedad persistente
Seis años después de la pandemia, cerca de dos millones de españoles todavía sufren las secuelas de la infección en una batalla diaria contra la fatiga, la niebla mental y la falta de tratamiento
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Seis años han pasado desde que el Gobierno suspendiera las clases en todos los niveles educativos por las crecientes tasas de contagio del coronavirus. Para Claudia, que entonces tenía cinco años, su profesora Loli le puso deberes para 15 días, pero no volvió a pisar el aula hasta septiembre. Como ella, millones de niños y padres se enfrentaban a una realidad desconocida.
Poco después, el 14 de marzo de 2020, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba la declaración del estado de alarma. “He comunicado al jefe del Estado la celebración de un consejo de ministros extraordinario para decretar el estado de alarma en todo nuestro país durante los próximos 15 días”, afirmó. El confinamiento domiciliario obligatorio, que entró en vigor al día siguiente, se convirtió en el más largo de la Unión Europea, extendiéndose hasta el 21 de junio tras seis prórrogas.
El teletrabajo irrumpió en la vida de millones de personas y la situación sanitaria empeoró a un ritmo vertiginoso. A principios de marzo, España superaba los 1.000 positivos, pero para finales de mes, el país ya sobrepasaba las cifras oficiales de China y registraba el peor dato de la pandemia: 913 muertos por COVID en un solo día.
Una pandemia subestimada
Estas cifras contrastaron drásticamente con las previsiones iniciales de las autoridades sanitarias. Fernando Simón, entonces director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, había asegurado al principio de la crisis que el impacto sería limitado. “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado”, sentenció.
España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado"
Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias
La actividad económica no esencial no se reanudó hasta el 13 de abril y el plan de desescalada por fases no comenzó hasta el 4 de mayo. Aunque para la mayoría de nosotros esto es ya un recuerdo, para casi dos millones de personas en España la pesadilla continúa.
Vivir con Covid persistente
Son los pacientes que sufren COVID persistente, una misteriosa condición que afecta al 20% de los infectados y en la que los síntomas perduran o aparecen meses después. A día de hoy, se desconocen sus causas, no existen pruebas diagnósticas y carece de un tratamiento específico.
María Ángeles Díaz es una de estas pacientes. En una entrevista en ‘Mediodía COPE’ con Pilar García de la Granja, ha relatado cómo su vida cambió tras contagiarse en septiembre de 2020. Convive con hasta 30 síntomas distintos, como fatiga crónica, náuseas, niebla mental o visión borrosa.
“Intento hacer todo lo posible por hacer las obligaciones del trabajo, de la casa, y luego intentar dejar un poquito de hueco para el ocio, lo que hago es descansar mucho”, explica esta mujer de 45 años. Para poder sobrellevarlo, se ha visto obligada a reducir su jornada laboral, con la consiguiente disminución de sueldo, una opción que, según lamenta, “no todo el mundo se puede permitir”.
El impacto psicológico la llevó a buscar ayuda profesional. “En todas estas enfermedades crónicas lo que tienes que hacer es un poco un luto, y ver que tu vida anterior ha dejado de existir y tienes que amoldarte a la realidad actual”, confiesa sobre el duro proceso de aceptación que ha tenido que afrontar.
Tu vida anterior ha dejado de existir y tienes que amoldarte a la realidad actual"
Paciente con Covid persistente
A pesar de tener seguimiento en los hospitales Clínico y Gregorio Marañón de Madrid, denuncia la falta de recursos para investigar la enfermedad en España. “Lamentablemente, desde los profesionales nos llega la esperanza de que en Estados Unidos o en otros países se investigue, porque en nuestro país no hay fondos para la investigación”, lamenta.
En este camino, el apoyo de las asociaciones de pacientes ha sido crucial. María Ángeles, que fue la primera presidenta de la asociación de la Comunidad de Madrid (AMAPOC), encontró en la terapia de grupo un gran alivio. “A mí, el hablar con otras personas en mi misma situación me ayudó muchísimo”, reconoce.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.