El árbol de Navidad, un símbolo muy cristiano
Ángel Correas explica en 'Mediodía COPE' de dónde surgió esta costumbre europea
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¿Eres de los que pone en casa el Belén? Es una costumbre muy española, muy nuestra y de origen cristiano. Allí ponemos, mínimo, al Niño acompañado de la Virgen y San José, aunque puedes acompañarlo de Reyes Magos, mula, buey, estrella, pastores… En un belén moderno ya sabes que pudes poner prácticamente de todo. Hay otra costumbre navideña que, aunque nos es un poco más ajena en nuestro país, también tiene una fuerte simbología cristiana -aunque muchos lo desconocen.- Se trata del árbol de Navidad.
En España, el árbol se veía en su día como una americanada más… una de tantas salidas de las películas de Hollywood. Pero los tiempos han cambiado. Hemos pasado de los encendidos del Rockefeller Center de Nueva York a principios de diciembre, a los del árbol de Vigo -nueva capital de la Navidad- casi dos semanas antes. Este elemento decorativo cada vez es más común en las casas y de las calles de nuestro país.
¿Y qué raíces cristianas tiene este árbol que poco a poco se va haciendo un hueco en la tradición española? El párroco de la san Ildefonso de Madrid, el padre Pedro Luis López, nos cuenta que fue el evangelizador de Alemania, san Bonifacio, el primero que puso un árbol de este tipo inspirándose en las tradiciones paganas. De ahí nació la idea de poner un árbol con manzanas, como el árbol de Adán y Eva; unas velas, que representan la luz de Cristo; y una estrella en lo alto, que representa a la que siguieron los Reyes Magos.
Así que ya lo sabes: si vuelves a oír que el árbol de Navidad es una costumbre que han traido de Estados Unidos y que no tiene nada que ver con el espíritu de la Navidad cristiana, siempre podrás contar la historia de san Bonifacio.
Eso sí, el párroco de San Ildefonso nos cuenta que es imprescindible poner a los pies del árbol -donde la costumbre europea es que san Nicolás deje los regalos- un misterio o, al menos, una imagen del Niño Jesus. Si no, explica don Pedro Luis, este elemento navideño deja de tener sentido cristiano. Algo cada vez más habitual.