Francisco, superviviente del Alvia, relata como no entendían que nadie fuera a rescatarles
Francisco de la Corte viajaba en el vagón 3 y ha recordado en 'Mediodía Fin de Semana' los momentos de caos y la angustiosa espera de una ayuda que no llegaba
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Vino alguien y nos dijo: "id como podáis hacia las luces porque aquí no va a venir nadie". Una semana después de la tragedia de Adamuz, uno de los supervivientes, Francisco de la Corte, ha recordado en Mediodía Fin de Semana los peores momentos de ese domingo 18 de enero, día en el que se examinó en Madrid para optar a una plaza de funcionario de prisiones.
Una semana después, con el susto aún en el cuerpo y reviviendo los momentos del accidente, aún no entiende por qué veían luces a los lejos y nadie llegaba hasta donde estaban ellos, los supervivientes de Alvia en medio de un enorme caos.
A Francisco, su decisión de quedarse descansando en su asiento en lugar de ir a la cafetería, a la que le había invitado un preparador de las oposiciones al que acababa de conocer, le salvó la vida. Poco después del accidente, se enteró de que “toda la gente del vagón cafetería, había fallecido”.
El impacto, que tuvo lugar a las 19:43 horas, sumió el vagón en la oscuridad y el caos. “Es como si fueras una bola de pinball chocando por todas partes”, relata Francisco y pone los pelos de punta. Tras el estruendo, recuerda “dos o tres segundos de tensa calma” hasta que la linterna de un móvil iluminó la escena. Los viajeros, amontonados por la inercia, comenzaron a recomponerse y a ayudarse entre quejidos y la búsqueda de familiares.
Es como si fueras una bola de pinball chocando por todas partes"
Una espera sin asistencia
A pesar de la violencia del choque, el vagón de Francisco permaneció de pie, lo que les permitió salir sin demasiada dificultad. En un primer momento no eran conscientes de la “magnitud de la catástrofe”, pensando que habían chocado “contra un camión, contra un tractor o alguna cosa por el estilo”. Por ello, recuperaron sus enseres con calma, ya que no había “heridos realmente graves” en su coche.
Francisco, “magullado y contracturado”, se quedó tumbado en el suelo fuera del tren por temor a tener alguna vértebra rota. Mientras esperaba, escuchó a varios viajeros llamar al 112. Fue entonces cuando un pasajero se adelantó, vio la verdadera dimensión del accidente y regresó pidiendo ayuda: “Mira, esto ha sido un absoluto desastre, todos los que estén bien, por favor, que vengan conmigo a ayudar a sacar gente, porque los de delante están 1000 veces peor que nosotros”.
El camino hacia las luces
Durante aproximadamente una hora, los supervivientes de esa parte del convoy vieron a lo lejos las luces de los servicios de emergencia, a unos 800 metros, pero nadie acudía a su posición. La ayuda estaba centrada en el tren Iridio, el otro convoy implicado. La confusión era total hasta que alguien les dio un mensaje desolador: “Iros como podáis hacia las luces, porque aquí no va a venir nadie”.
Id como podáis hacia las luces, porque aquí no va a venir nadie"
La persona que se lo comunicó, que cree que era un familiar de otro herido, les explicó que “las ambulancias no pueden acceder” y que la prioridad eran los heridos graves del otro foco del accidente. Fue entonces cuando Francisco, con la pierna malherida, emprendió el camino hacia las luces y comprendió lo que había ocurrido al ver la cabeza tractora del otro tren y el enorme despliegue de bomberos, enfermeros, médicos y Guardia Civil.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.