Por qué no puedes dejar de ver "un capítulo más": la ciencia detrás de la adicción a las series
El fenómeno conocido como "efecto Zeigarnik" explica por qué plataformas como Netflix han convertido el maratón de series en un comportamiento casi compulsivo. Expertos alertan de que los jóvenes son especialmente vulnerables a este tipo de enganche, que puede interferir con el sueño y las obligaciones diarias.
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Stranger Things, Breaking Bad, La Casa de Papel, Juego de Tronos... Todas estas series tienen algo en común más allá de su éxito masivo: están diseñadas para que no puedas parar de verlas. Detrás de ese impulso irresistible de pulsar "siguiente episodio" se esconde el efecto Zeigarnik, un fenómeno psicológico que el doctor Javier Quintero, jefe de Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, define como "la tendencia de nuestro cerebro a no cerrar historias incompletas".
Nuestro cerebro tolera mal dejar las cosas a medias. Es como si no le diéramos a 'cerrar y guardar' en el ordenador"
Psiquiatra
Cuando un capítulo termina en un cliffhanger —ese momento de máxima tensión sin resolver—, la historia permanece activa en nuestra memoria de trabajo, generando la necesidad casi física de obtener más información.
Los jóvenes, más vulnerables al "binge-watching"
El streaming ha cambiado radicalmente nuestra relación con las series. Donde antes había que esperar una semana entre episodios, ahora toda una temporada está disponible en un clic. Y esto, según Quintero, tiene consecuencias especialmente preocupantes para los más jóvenes.
"Cuando éramos jóvenes, veías una serie los jueves y había que esperar al jueves que viene para ver el siguiente capítulo. Entrenábamos un concepto interesante: ser capaces de diferir en el tiempo la recompensa", recuerda el psiquiatra. "Ahora esto no ocurre. Los jóvenes no entrenan esa habilidad porque no la necesitan. Quieren algo, le dan al Amazon de turno y mañana lo tienen en casa".
El autoplay —esa función que automáticamente reproduce el siguiente episodio— elimina incluso la pequeña barrera de tener que tomar una decisión consciente. El resultado: patrones de consumo que pueden interferir con el sueño, las obligaciones académicas o laborales, y el funcionamiento normal de la persona.
Cuando empezamos a ver patrones que interfieren con el sueño o hacen que la persona deje de cumplir con sus obligaciones, ahí entramos en terreno peligroso"
Psiquiatra
Control remoto y pantalla: maratón de tu serie favorita
Las técnicas que utilizan los guionistas para engancharnos
Las series más adictivas no lo son por casualidad. Utilizan una combinación calculada de recursos narrativos que explotan nuestras vulnerabilidades cognitivas:
- Tensión y alivio constante: Breaking Bad es maestra en este arte. Cada episodio funciona como una montaña rusa emocional, con momentos de altísima tensión seguidos de cierto respiro, lo que nos predispone a seguir en ese viaje.
- Dilemas morales incómodos: Ver cómo un profesor de química se transforma en narcotraficante nos obliga a preguntarnos: "¿Haríamos lo mismo en esas circunstancias?". Esa incomodidad nos mantiene pegados a la pantalla.
- Giros inesperados: La Casa de Papel perfeccionó esta técnica. "Nuestro cerebro hace un poco como la inteligencia artificial: quiere predecir qué va a pasar", explica Quintero. "Cada giro inesperado desconcierta a nuestro cerebro y le dice: espera, sigue aquí atento".
- Tramas múltiples: Juego de Tronos llevó esto al extremo, obligando a los espectadores a seguir las historias de múltiples casas y personajes. Cuando logramos mantener todos esos hilos abiertos, experimentamos lo que el psiquiatra llama "dopamina intelectual": la satisfacción de haber superado un reto cognitivo.
El miedo a perderme lo siguiente —ese famoso FOMO— también se aplica en las estrategias que generan las series para mantenernos enganchados"
Psiquiatra
'Lost': la serie que lo empezó todo
Perdidos (Lost) fue pionera en combinar todos estos elementos. Misterios sin resolver, flashbacks que añadían capas de complejidad, personajes que escondían secretos... Cada episodio multiplicaba las preguntas en lugar de responder a las anteriores. Su polémico final —que dejó insatisfechos a millones de fans— ilustra otro aspecto fascinante del efecto Zeigarnik:
Cuando el giro no es el que esperabas, genera frustración, pero al mismo tiempo no has cerrado la tarea. Te quedas ahí... Podrían sacar una nueva temporada y la gente la consumiría"
Psiquiatra
Es exactamente lo que ha hecho Netflix con Stranger Things, cuya última temporada se estrenó el pasado 1 de enero, arrastrando a millones de espectadores a nuevos maratones.
Señales de alarma: cuando el entretenimiento se vuelve problemático
¿Cuándo deja de ser inofensivo ver series? Quintero identifica tres grupos especialmente vulnerables:
- Los jóvenes, por su falta de entrenamiento en diferir gratificaciones
- Personas con ansiedad que buscan en las series una forma de relajarse, cuando en realidad "no nos está relajando, sino todo lo contrario: nos va agotando"
- Quienes utilizan las pantallas para evitar gestionar emociones de manera consciente
Parece que nos relajamos, pero realmente no desconectamos. Al final nos va agotando, interfiere con el sueño"
Psiquiatra
La diferencia entre disfrutar de una serie y desarrollar un patrón problemático está en si ese consumo interfiere con las responsabilidades diarias, las relaciones personales o el descanso necesario.
¿Qué hacer ante el "un capítulo más"?
Los expertos recomiendan ser conscientes de estos mecanismos psicológicos y establecer límites claros: decidir de antemano cuántos episodios se verán, desactivar el autoplay, y sobre todo, reconocer que la ansiedad "hay que manejarla de manera consciente, ni bebiéndote una copa ni intentando distraerte con pantallas".
El streaming ha democratizado el acceso a contenidos de calidad, pero también ha perfeccionado las técnicas para mantenernos pegados al sofá. Conocer cómo funciona el efecto Zeigarnik es el primer paso para recuperar el control sobre nuestro consumo de series —o al menos, para entender por qué a las tres de la madrugada seguimos diciendo "solo uno más".