Alertan del peligroso 'chute' en una lata que amenaza la salud de los adolescentes
El Gobierno busca prohibir su venta a menores mientras los expertos advierten de un 'círculo vicioso' con graves efectos cardiovasculares y sobre la salud mental
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El Gobierno prepara una ley para prohibir su venta a menores, una medida que responde a la creciente preocupación por el consumo de bebidas energéticas entre los adolescentes. La iniciativa sigue los pasos de comunidades como Galicia, que desde este sábado impide su compra a menores de 18 años. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ha calificado estas bebidas como una “clara amenaza para la salud de los jóvenes”, subrayando la obligación de los poderes públicos de “proteger la salud y garantizar entornos seguros para los niños, niñas y adolescentes”. En España, casi 4 de cada 10 adolescentes de entre 14 y 18 años las han consumido en el último mes.
Un 'círculo vicioso' desde los 12 años
Los expertos advierten de que el consumo se inicia en edades muy precoces, en torno a los 12 años, a menudo asociando estas bebidas con el deporte. Según el doctor Constancio Medrano, jefe de cardiología pediátrica del Hospital Gregorio Marañón, los jóvenes “entienden que son bebidas isotónicas, que te hacen mejorar tu rendimiento deportivo”. De ahí, pasan a consumirlas para estudiar, lo que deriva en trastornos del sueño que les obligan a tomar otra bebida por la mañana para poder arrancar.
El ciclo culmina cuando, a partir de los 16 o 18 años, empiezan a mezclarlas con alcohol para combatir el efecto somnífero de este y poder alargar la noche. “Hay amigos míos que tres diarias no baja”, cuenta un joven. Este patrón de consumo abusivo es una realidad extendida, como confirma el testimonio de otro adolescente: “Empecé en primero de bachillerato con todos mis amigos, y las consumíamos a diario. Yo me podía beber dos todos los días”.
Hemos visto que se producen alteraciones, hay una serie de arritmias muy graves que se asocian a la muerte súbita"
Cardiólogo infantil del Gregorio Marañón
Riesgos invisibles: del corazón al síndrome metabólico
El doctor Medrano explica que estas bebidas producen un estímulo del sistema simpático, lo que provoca un aumento de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. “Hemos visto que se producen alteraciones, hay una serie de arritmias muy graves y que además se asocian a la muerte súbita”, advierte. En personas con predisposición genética, como el síndrome de QT largo, la cafeína a dosis elevadas puede tener consecuencias fatales.
Más allá del efecto inmediato, su consumo continuado está relacionado con el aumento del riesgo cardiovascular presente y futuro. Las bebidas energéticas promueven el llamado síndrome metabólico: sobrepeso, obesidad, hipertensión y una mayor probabilidad de desarrollar diabetes. Este “cóctel perfecto” contiene, además de cafeína, grandes cantidades de azúcar, conservantes y colorantes con efectos desconocidos a largo plazo.
Los efectos físicos son una realidad para muchos consumidores. “Me empezó a dar un montón de taquicardias y me temblaban las manos, el pecho fatal, entonces, pues ahora lo he decidido dejar”, relata un joven. Otro reconoce que, a raíz de sufrir un ataque de taquicardia, ahora las consume menos. El doctor Medrano subraya que, aunque la mayoría de los jóvenes que llegan a consulta por palpitaciones no tienen un problema cardiológico de base, los síntomas están directamente relacionados con la ingesta de estos productos.
Un experimento que confirma la alerta
Para demostrar sus efectos inmediatos, se ha realizado un experimento en directo. Un joven de la redacción, Jacobo Gimeno, se ha tomado el equivalente a una lata de medio litro. Antes de la ingesta, su tensión arterial era de 140/70 y su frecuencia cardíaca de 80 latidos por minuto.
Cuarenta minutos después de consumir la bebida, los resultados han sido evidentes: su tensión sistólica ha subido a 150 y la diastólica a 100, mientras que sus pulsaciones han aumentado hasta los 93 latidos por minuto. El doctor Medrano ha explicado que el pico de efecto de la cafeína se produce a la media hora, pero que cuatro horas después, la mitad sigue en sangre, afectando gravemente a los ritmos biológicos y al sueño.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.