"La realidad es que el idílico paraje era una sucesión de tablones tirados por el suelo, clavos oxidados, basura, zarzas y malas hierbas"

La comunicadora de 'La Tarde' analiza el accidente en la playa de El Bocal, en Santander, que se cobró la vida de varios jóvenes

- 2 min lectura

Los sueños de juventud se acabaron ayer a última hora de la tarde para un grupo de chicos y de chicas que tenían entre 19 y 22 años. Era una tarde de celebración. Varios de ellos se iban de Erasmus en solamente unos días. Estudiaban en el centro de formación profesional La Granja en el municipio de Medio Cudeyo en Cantabria. Hacían una ruta entre el vocal y el Instituto de Oceanografía, una senda litoral a los pies del Cantábrico. 

Xavi, de 21 años, monitor del centro, guiaba la excursión y le acompañaban seis chicas. Una de las pasarelas por las que discurre la senda se vino abajo y llegó la tragedia. A última hora de la noche se rescataba la quinta víctima. Ya. Tres chicas del País Vasco y una de Almería perdieron la vida. Continúa a esta hora la búsqueda de Elena, que es una joven de 20 años, en este caso de Guadalajara. 

Rafael, un ciclista que pasaba por esa zona tras el suceso, fue quien avisó al 112 al escuchar la llamada de auxilio de una de las jóvenes. Ainara, una chica vasca, es la única superviviente. Logró agarrarse a las rocas y así estuvo, media hora agarrándose a las rocas y agarrándose a la vida hasta que llegaron los equipos de emergencia. Rafa no podía llegar hasta donde se encontraba esta joven y trató, como pudo de calmarla, de darle fuerzas para que aguantara mientras las olas subían y bajaban y chocaban contra las rocas. Pudo ser evacuada y se recupera de un fuerte traumatismo en el hospital de Valdecilla de Santander. Muertes desgraciadas y tal vez muertes también evitables. 

Como en toda tragedia se impone ahora una investigación seria sobre lo ocurrido. La pasarela, que se hundió ayer por la tarde forma parte de una senda costera que recorre el Litoral norte de Santander, desde el Faro de Cabo Mayor hasta la ermita de la Virgen del Mar. El proyecto lo inició el Ministerio de Medio Ambiente hace 12 años, pero quedó parado en 2017 por la oposición vecinal que lo consideraba demasiado agresivo para el entorno. Era un proyecto con pasarelas, también con señalización y con varios senderos. Desde entonces estaba abandonado y eran muchas las quejas sobre la peligrosidad que suponía transitar ahora mismo por él. 

El Ministerio, el gobierno regional y el Ayuntamiento seguramente se van a culpar mutuamente de la tragedia. La realidad, como contó el diario Montañés en un reportaje hace ya un par de años, es que el idílico paraje era una sucesión de tablones tirados por el suelo, clavos oxidados, basura, zarzas y malas hierbas. Desidia institucional y unos sueños de juventud que han muerto para siempre a orillas del Cantábrico.