¿Es inteligente decirle a tu principal aliado en la OTAN que cuando las cosas se ponen feas tú prefieres mirar hacia otro lado?

La comunicadora de 'La Tarde' analiza la decisión de Pedro Sánchez de no autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán

- 3 min lectura

Hoy la palabra más repetida vuelve a ser guerra. Y no es una guerra lejana de esas que caben en un titular y se olvidan al pasar una página. No. Esta guerra tiene apellido, tiene petróleo, tiene misiles y tiene consecuencias directas para todos nosotros. Porque lo que empezó como un enfrentamiento reconocible, Israel y Estados Unidos contra Irán, se ha convertido en algo mucho más inquietante, un polvorín regional que amenaza con ser global. 

Irán no solamente ha golpeado Israel, ha disparado contra intereses estadounidenses, ha tensionado a los países del Golfo, ha puesto en pie de guerra Arabia Saudí y ha anunciado el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial. Traducido, esto no va solo de ideología o religión, va de energía, va de mercados y de estabilidad mundial. Y en este contexto, Donald Trump ha dejado caer que ya no descarta enviar tropas sobre el terreno. Es decir, que lo que podía ser una operación quirúrgica se convierte en la posibilidad de una guerra larga. Estados Unidos vuelve a asomarse al avispero de Oriente Medio y todos sabemos cómo terminó la última vez que se metió hasta el fondo. 

Pero hoy quiero centrarme en la parte que nos toca más de cerca. Me quiero centrar en España porque mientras el mundo contiene la respiración, el gobierno de Pedro Sánchez ha decidido no autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán. Y aquí es donde empieza el debate serio. Legalmente España puede hacerlo. El acuerdo bilateral lo permite. Esto no está en discusión. La pregunta es otra. ¿Es prudente? ¿Es estratégico? ¿Es inteligente decirle a tu principal aliado en la OTAN que cuando las cosas se ponen feas tú prefieres mirar hacia otro lado? 

Sánchez lleva meses intentando colocarse como referente internacional del antitrumpismo. Ha buscado ese foco, ha querido diferenciarse y ahora lo ha conseguido. En Washington se habla de España como el aliado incómodo, el socio poco fiable. Puede que eso al gobierno le compense internamente, que refuerce su perfil ante cierta parte de su electorado, pero la política exterior no se juega a corto plazo ni pensando en el próximo titular. Rota y Morón no son solamente pistas de aterrizaje, son parte del escudo antimisiles, son presencia estratégica, son inversión y son también, ojo, empleo. 

Y si Washington considera que España no es un socio fiable, tiene alternativas y además cerca. Por ejemplo, Marruecos. La diplomacia es el arte del equilibrio y aquí el equilibrio es delicado. No se trata de aplaudir una guerra ni de convertirse en entusiasta de la intervención militar. Se trata de entender que pertenecer a una alianza implica asumir costes y responsabilidades, no solo beneficios. 

Mientras tanto, el petróleo sube, el gas se dispara y los mercados tiemblan. Y eso sí que no entiende de ideologías. Eso lo notará el transportista, lo va a notar también el agricultor y lo va a notar toda la familia que tenga que pagar la factura de la luz. El tiempo dirá si esta decisión fue un acto de prudencia o un error estratégico. 

Lo que está claro es que la guerra ya no es una palabra lejana. Está en los mercados, en la diplomacia, en las bases militares y en la reputación internacional de España. Y cuando pase la tormenta quedará una pregunta clave. ¿Salimos reforzados como país o salimos más solos de lo que creemos?