"La ciencia no avanza con anuncios, avanza con evidencia y será eso lo que dirá si esta historia termina en decepción o en uno de los grandes avances contra el cáncer"
La comunicadora de 'La Tarde' analiza el proyecto del doctor Barbacid, que podría ser importante en cuanto avances de la curación del cáncer de páncreas
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Hay noticias que encienden la esperanza y hay noticias que obligan a encender también la prudencia. En los últimos días, el nombre del científico español Mariano Barbacid ha vuelto a ocupar titulares, entrevistas, apariciones en televisión y sobre todo la atención de miles de pacientes. El motivo, pues una terapia experimental que en ratones ha logrado eliminar un tipo de cáncer de páncreas, uno de los más letales que existen. Pero la ciencia, como la vida, no avanza a golpe de titulares, avanza paso a paso y a veces esos pasos son mucho más lentos de lo que nos gustaría, porque detrás de la ilusión hay datos importantes que conviene entender. El tratamiento que Barbacit quiere desarrollar se basa en una combinación de tres compuestos. Sin embargo, el propio CENIO, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, donde el científico ha trabajado durante décadas, decidió renunciar a la patente de esta terapia.
La razón, los evaluadores, incluida la European Patent Office, según cuenta hoy el diario El Mundo, consideraron que la propuesta carecía de suficiente novedad, es decir, que no era lo suficientemente original ni sólida desde el punto de vista técnico para justificar una patente. Eso no significa, ojo, que la investigación sea falsa, significa algo diferente, significa que aún está en una fase muy temprana. Aún así, Barbacit ha dado un paso más y ha creado su propia empresa, Vega Oncotargets, con el objetivo de desarrollar nuevas moléculas que puedan convertirse algún día en un tratamiento real. Y la respuesta social ha sido enorme. La Fundación Cris contra el Cáncer ha impulsado una campaña que ya ha recaudado más de 3 millones y medio de euros. Incluso el actor Antonio Banderas ha mostrado su apoyo público. Pero aquí llega el punto clave y es un punto que la comunidad científica repite una y otra vez: curar el cáncer en ratones no significa haber curado el cáncer en humanos.
De hecho, es relativamente frecuente que terapias que funcionan en animales fracasen posteriormente en personas. El cuerpo humano es mucho más complejo. Lo que es eficaz en un ratón puede ser tóxico, ineficaz o peligroso en un paciente. Para entender esta realidad, basta mirar otro caso. La investigadora Laura Souek en el Vall d'Hebron Instituto de Oncología descubrió hace ya unos cuantos años una miniproteína llamada Omomic, capaz de frenar el cáncer en ratones. Sus resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature, un logro a priori que parecía extraordinario y sin embargo tuvieron que pasar más de dos décadas hasta poder probarla en humanos, 25 años. Hoy su empresa sigue desarrollando el tratamiento con resultados prometedores, sí, pero aún en investigación. Este es el ritmo real de la ciencia. Entre un descubrimiento en laboratorio y un medicamento disponible, suelen pasar entre 10 y 20 años, a veces más, a veces nunca. Y eso nos lleva al verdadero dilema de esta historia.
Por un lado, la investigación de Barbacid es legítima, es ciencia real, es un paso más en el conocimiento del cáncer y merece todo el apoyo. Pero por otro, muchos expertos advierten del riesgo de crear expectativas demasiado rápidas, porque cuando la esperanza se adelanta a la evidencia, el daño emocional puede ser muy importante. Pacientes que hacen cientos de kilómetros, familias que creen que la cura está a la vuelta de la esquina, personas que confunden un experimento con un tratamiento. La propia Asociación de Cáncer de Páncreas ha pedido cautela y esa es quizás la palabra más importante hoy, cautela. La historia de la medicina está llena de avances que empezaron en ratones y terminaron salvando millones de vidas, pero también está llena de promesas que nunca llegaron a convertirse en realidad.
Hoy el trabajo de Barbacid es importante, pero no es una cura, es una línea de investigación, una posibilidad construida sobre años de trabajo sobre resultados en animales y sobre una pregunta que todavía no tiene respuesta en humanos. La ciencia no avanza con anuncios, avanza con evidencia y será esa evidencia y solamente esa evidencia la que dirá si esta historia termina en decepción o en uno de los grandes avances contra el cáncer.