"El café se encarece y lo hace desde el origen hasta la taza. Cada vez que pedimos un café estamos viendo el efecto de un planeta más cálido, cosechas más frágiles y un equilibrio natural que se está desplazando"
La comunicadora de 'La Tarde' aborda el precio del café, que se ha encarecido a lo largo de los últimos años
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Bastó una magdalena para que Marcel Proust recuperara toda una vida, un sabor, un aroma y de pronto, la memoria hizo el resto. A nosotros seguramente no nos hace falta una magdalena; nos basta el café porque el café también despierta recuerdos, rutinas, identidades. Es el primer gesto del día para millones y millones de personas en todo el mundo.
Pero ese gesto cotidiano está cambiando y no por una cuestión de moda ni de capricho, está cambiando porque el café se está encareciendo y detrás de esa subida hay una explicación muy concreta, el clima. España consume unos 67 millones de tazas de café cada día. 67 millones. Eso significa que cualquier pequeña variación en el precio tiene un impacto enorme en nuestro bolsillo. Y ese impacto ya se está notando.
En el último año, el precio del café ha subido cerca de un 30%. La razón principal está en el origen, no en la cafetería. El café es un cultivo extremadamente sensible a la temperatura. Necesita condiciones muy concretas, ni demasiado calor, ni demasiado frío, ni demasiada lluvia, ni sequía. Y ese equilibrio ahora mismo se está rompiendo. Los principales países productores, como son Brasil, Vietnam o Colombia están registrando cada vez más días por encima de los 30 gr. A partir de esa temperatura, la planta de café sufre estrés térmico, produce menos y produce peor. Menos cantidad y menor calidad significa una cosa muy sencilla en economía, significa precios más altos.
En los últimos años, las regiones cafetaleras han acumulado semanas enteras de calor extremo que antes no existían. Eso reduce las cosechas y genera incertidumbre en los mercados. Y cuando hay incertidumbre, el precio sube todavía más porque los distribuidores anticipan escasez futura. A eso se suma otro factor. La demanda no deja de crecer. El café ya no es solamente una bebida tradicional en Europa o en Estados Unidos. Su consumo está aumentando notablemente también en Asia, en Oriente Próximo, en prácticamente todo el mundo. Es decir, hay más gente que quiere café, pero menos café disponible para la gente.
El resultado es inevitable. El café se encarece y lo hace desde el origen hasta la taza. Es decir, cada vez que pedimos un café estamos viendo el efecto de un planeta más cálido, de cosechas más frágiles y de un equilibrio natural que se está desplazando. Y sin embargo, mañana volveremos a hacer. Volveremos a pedir ese café porque no es solo cafeína, es costumbre, un ritual sin el que muchos son incapaces de afrontar el día. Proust necesitó una magdalena para recuperar el tiempo perdido. Nosotros de momento seguimos teniendo café, pero cada vez es un poco más caro recordar quiénes somos a las 8 de la mañana.