"Maeso negó y renegó en el juicio ese contagio masivo de casi 300 pacientes. Negó que lo hiciese por su adicción a las drogas o por pura maldad "
Escucha el monólogo de Israel Remuiñan del martes 31 de marzo
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Hay historias que no pasan, se quedan; te operan, sales del hospital, vuelves a casa pensando que todo ha ido bien y años después te dicen que llevas dentro un virus que no estaba ahí antes, que entró contigo en quirófano.
Ha muerto Juan Maeso, de profesión médico-anestesista. Es el hombre que convirtió ese miedo en realidad para cientos de personas. Infectó a 275 pacientes con el virus de la hepatitis C: gente normal como tú, como yo, que fueron a curarse y salieron todavía más enfermos.
Durante casi una década, de 1988 a 1997, en cuatro hospitales de Valencia, uno público y tres privados, Maeso hizo algo que cuesta incluso contar sin que se te atraganten las palabras. Se inyectaba parte de la anestesia y después, con esa misma jeringuilla, con la misma aguja, se la ponía al paciente así, sin red.
Negó siempre que fuese para satisfacer su adicción a las drogas, negó que se inyectara parte del analgésico de los pacientes. La ciencia fue clara. Todos esos contagios venían del mismo sitio de él, de Juan Maeso, que tenía esa hepatitis C.
El juicio fue tremendo, fue enorme. Más de 600 testigos, miles de folios, años de proceso, más de dos décadas desde los primeros contagios hasta el fallo definitivo del Tribunal Supremo. Un fallo que llegó en febrero del año 2009. Le condenaron a 1933 años de cárcel. Pero lo importante no es la cifra, lo importante es lo que no pasó y es que no pidió perdón nunca.
Frío, distante. Maeso negó y renegó en el juicio de su habilidad ese contagio masivo de casi 300 pacientes. Negó que lo hiciese por su adicción a las drogas o por pura maldad. Esa pregunta siempre quedó en el aire. Y claro, cuando alguien niega lo que tú llevas en el cuerpo cada día, el dolor no se queda en el hígado, se te mete en la cabeza, incluso en la vida.
Antonia Muñoz fue una de sus víctimas en el calvario perpetuo de análisis de tratamientos médicos para evitar una cirrosis o un cáncer hepático.
Porque esto no va solo de medicina, va de confianza, de esa confianza casi ciega con la que te tumbas en una camilla y dejas que alguien te duerma. Y durante años nadie lo vio o nadie quiso verlo. Tardamos 10 años en que el caso saliese a la luz y más de 20 en encerrarlo en un tribunal. Aunque para muchos, lo escuchas, no se cerró nunca.
Porque la hepatitis C no es solo una enfermedad, es una compañía, un recordatorio, un " y si" permanente. Ayer murió Maeso y, probablemente, para muchos afectados no es el final de nada, es solo otra fecha en una historia que sigue dentro de ellos, porque no estamos hablando de un loco aislado en una habitación, estamos hablando de un sistema que tardó demasiado en reaccionar. Piénsalo.
Al final, la pregunta no es: ¿qué hizo Juan Maeso? La pregunta es, ¿qué pasaría si mañana fueras tú el que entra en un hospital y sale con algo, sale con una enfermedad que nadie, que nadie le explicó, que nadie te explicó. Es terrible.