La foto de Fernando de Haro: "Gentes sufridoras, probadas por el Destino con grandes trabajos"
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La foto de hoy está tomada en el pantano de Buendía en la provincia de Guadalajara. Por arriba una linea de cielo estrecho entre azul y gris. Luego dos serrijones de piedras calizas en los que los rebollos luchan en invierno contra las heladas y en verano contra la falta de agua. Serrijones en una tierra despoblada, sin pastores, sin ovejas ni carneros, sin el sonido de las esquilas. Un campo sin siega y con las eras perdidas, con caminos que se ha comido el monte. Con pueblos sin ladridos y sin risas de niños. Silencio. Debajo del silencio de los serrijones el pantano que va camino de convertirse un charco breve. Las aguas se han retirado y aperece el empedrado de una calle, los pilares de cal y canto de una casa con buena fábrica. El pueblo inundado que ahora asoma se llamaba la Isabela. Entre las ruinas y la mampostería que se seca al sol pasearon reyes y gentes muy principales. El agua escasa en la que se refleja los restos del balneario tuvieron fama de ser muy buenas para curar la gota, para curar los humores gruesos que la naturaleza manda a los extremidades de los que comen y beben con alegría. Las voces de la fiesta y del reposo se fueron cuando llegó la guerra. Y llegaron las miradas perdidas, las palabras que no se entendían, los gestos torpes de los que habían perdido el juicio. Y el pueblo ya no fue para el recreo, el pueblo fue refugio y amparo de melancólicos, nerviosos, apáticos y de gentes que habían perdido la razón. Gentes sufridoras, probadas por el Destino con grandes trabajos.