La foto: "Después un mar de nubes de un blanco inquieto y revoltoso"

La foto del día de Fernando de Haro

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La foto que me ha llamado la atención me llega de un país asiático y es una zarzuela de blancos y grises. El retrato está tomado desde una altura considerable. Arriba, donde la instantánea termina, una cinta de cielo como los ojos de Marina. Después un mar de nubes de un blanco inquieto y revoltoso. Y en el centro de la imagen una montaña solitaria salpicada de escarcha.Y sobre la cumbre un monasterio de gris frío. No se oye arriba el canto del pájaro, no se oye abajo el canto del agua. No se oyen los surtidores de la fuente. Silencio. Los monjes huyen del olor de vainilla y del olor de canela, de la caricia de la seda y el terciopelo, de regalarse la vista.

Los monjes solo comen los días pares, pero no hay en su mesa ni manjares ni viandas, ni alimento sazonado que los monjes parecen alimentarse solo de dulces principios. Los monjes duermen poco y se mueven con tiento para que no sude lo que se puede tocar. Sobre la montaña escarchada, en el monasterio de gris frío los hombres retirados quieren que nada les estorbe, que no haya nada que llorar ni que reir, quieren alejarse de toda vanidad, de todo exceso y de todo anhelo. Los monjes quieren alcanzar la carencia absoluta, la que no conoce la melancolía, la que no sufre, la que no goza, la carencia sin pronombres, sin posesivos, sin nominativos.

Y cuanto más lo intentan más roja se les vuelve la sangre, más le vienen a la cabeza ensaladas con tomates maduros y caballos de alanzán y corales de luz y chalecos burdeos y vino de Borgoña y letras escarlatas. El monasterio de gris frió arde de anhelos y deseos colorados, arde como una gran candela luminosa, agitada, insatisfecha.