La foto: “Las ventanas de cuatro palacios fulgen en un incendio que solo hiere de belleza a los que pasean"

Escucha la foto del día de Fernando de Haro

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La foto que me ha llamado la atención la tomaron la semana pasada en Venecia. Las góndolas, como caballos , levantan la cabeza, y las crines de proa parecen querer cabalgar. Calbagar por la laguna que se viste de plata vieja para irse a dormir. Las cóncavas naves, vacías, desafiantes, tiran de las cabos. Las góndolas quieren irse al otro lado del mar, al otro lado. La ultimísima luz del día riela en el agua tranquila, la últimisima luz del día tiñe de oro los palos que sirven de amarre. Las ventanas de cuatro palacios fulgen en un incendio que no destruye nada, solo hiere de belleza a los que pasean por la ciudad del Dogo. Ultimísima luz del día, el cielo que no se ve en la foto parece no querer terminar de despedirse de púrpuras, malvas, de un ambar imposible. Toda la fiesta de colores se refleja en las fachadas blancas. Y parecen esas fachadas un mosaico bizantino. Un personaje de la ciudad, inmortalizado en piedra, levanta la mano mientras trota sobre una montura inmovil. La estatua señala al otro lado. El instante de la últimísima luz en Venecia tiene la hermosura dolorosa de una gota de miel que cae, de un mebrillo sobre el mantel blanco, de la flor del jazmín, del dedo de un recien nacido, de los pasos de un hombre que vuelve a casa, de una caricia entre viejos. Una hermosura dolorosa que se va. Y nosotros queremos irnos con ella. Queremos ver el otro lado.