"Esta guerra busca acabar con el régimen de los ayatolás. Es un objetivo de muy difícil cumplimiento"

No te pierdas la reflexión de Fernando de Haro de este domingo 1 de marzo

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Muy buenos días a los madrugadores del fin de semana.

Muy buenos días a la gente, gente, en este domingo 1 de marzo, en el que la previsión meteorológica habla de cielos despejados salvo en Canarias.

Empezábamos este programa a las seis de la mañana y, si nos dejas, te vamos a acompañar media hora más.

«Nuestro presidente va a empezar una guerra en Irán porque no tiene la más mínima habilidad para negociar: es débil e ineficaz».

Esto lo decía Donald Trump en 2011. Lo decía hace quince años, criticando a Obama porque parecía que iba a iniciar una guerra en Irán.

Obama no empezó esa guerra. Quien sí la ha iniciado contra Irán ha sido Trump, en una operación conjunta con Israel. Desde hace veinticuatro horas, esa guerra está en marcha.

Lo último es que hace unas horas se ha confirmado la muerte del líder supremo de la revolución y cabeza del régimen iraní, Alí Jameneí. Así lo confirmaba la televisión iraní.

La muerte de Jameneí ha provocado celebraciones en las calles. Irán ya ha anunciado que lo ha sustituido, aunque el país se ha quedado en una situación inédita desde que Jameneí llegó al poder en 1979: el régimen no había estado sin líder supremo.

Estados Unidos e Israel han conseguido descabezar el régimen, pero ya se ha creado un consejo que sustituye a Jameneí. Irán ha amenazado con vengarlo. Trump ha dicho que, si lo hace, desplegará una fuerza destructiva nunca vista.

Nos vamos hasta Jerusalén, donde está Guillermo Azábal , para que nos cuente la última hora.

Guillermo, buenos días.

—¿Qué tal, Fernando? ¿Cómo estás?

Amanece en Jerusalén. Amaneció hace un rato, pero la mañana continúa con la misma dinámica que ayer. Todas las noches han sonado las alarmas y a la gente se le ha pedido que acuda a los refugios. Han sonado en torno a cinco ocasiones y, hace apenas diez minutos, otra vez se han escuchado explosiones en el aire y estelas de interceptores de misiles que vienen de Irán y que el sistema de defensa israelí está desbaratando en el aire. La gente está entrando en los refugios.

En Jerusalén hay refugios en cada barrio, aproximadamente, destinados a la población. La gente se lo está tomando bastante en serio.

En la otra guerra, la de junio del año pasado, los ataques fueron mucho más intensos en Haifa y en Tel Aviv. Pero desde ayer la actividad en Jerusalén —una ciudad considerada casi intocable por tener, entre otras cosas, la mezquita de Al Aqsa, tercer lugar más sagrado para los musulmanes— es muy distinta. Se escuchan constantemente tanto las alarmas como las detonaciones en el aire, así que la población está muy pendiente de la seguridad.

Pero, Fernando, como bien comentas, esa disponibilidad de refugios no existe en toda la ciudad. En Jerusalén Este, donde me encuentro ahora, caminando por calles prácticamente vacías y de mayoría árabe, no hay refugios públicos y casi ninguna casa tiene búnker. Estoy cerca de la Ciudad Vieja, muy cerca de una famosa calle comercial que se llama Salah ad-Din. Está a apenas dos minutos de la Puerta de Herodes y a cuatro de la Puerta de Damasco. Esa zona es la de mayor presencia árabe y musulmana en Jerusalén.

—Gracias, Guillermo.

—Muchas gracias a vosotros.

Bueno, pues eso es lo que nos cuentan desde Jerusalén.

Hablaba Guillermo de la guerra de junio, centrada en instalaciones militares y de enriquecimiento de uranio de Irán. Esta guerra es diferente: busca acabar con el régimen de los ayatolás. Es un objetivo de muy difícil cumplimiento. No hay precedentes en la historia de cambios de régimen logrados solo mediante bombardeos aéreos.

Pero puede ser una guerra larga. Ayer, cuando anunció la operación, Trump habló de las bajas que se pueden producir en el ejército de Estados Unidos; habló de los héroes que van a morir: «Se pueden perder vidas de valientes héroes estadounidenses y podemos tener bajas, como ocurre en la guerra. Pero no estamos haciendo esto para el presente: lo hacemos para el futuro. Es una misión noble».

EFE

El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump (derecha)

Sus palabras ya sugerían un conflicto prolongado. Y también ayer, en el mismo turno, Netanyahu dejó claro que no iba a ser una operación quirúrgica como la de junio: «Esta operación continuará mientras sea necesario. El malvado régimen de Irán ha atacado a Israel y a Estados Unidos, ha pisoteado a sus ciudadanos, ha impuesto una maldición sobre los pueblos de la región y ha implantado una red terrorista extendida por todo el mundo».

Trump, el hombre que en campaña prometía que no metería a Estados Unidos en nuevas guerras, se ha metido en esta. Una guerra muy difícil, cuando ha sido incapaz de conseguir la paz en Rusia y una paz real en Gaza: allí no hay guerra, pero tampoco hay paz.

No te pierdas el resto del análisis de Fernando de Haro en el audio adjunto.