Marisa Seco, mariscadora: "Mi marido y yo pagamos 532 euros como autónomos sin percibir rentas, tenemos que pedir a nuestros familiares"
El sector marisquero de Galicia, devastado por las lluvias, afronta pérdidas de hasta el 100% y deja a las familias sin ingresos desde principios de febrero
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El continuo tren de borrascas de este invierno, con hasta 17 fenómenos meteorológicos adversos, ha tenido un efecto devastador en el sector marisquero gallego. La ingente cantidad de agua dulce ha desplomado la salinidad de las rías, provocando una mortandad masiva del marisco. Viviana Fernández, portavoz de la Asociación Nacional de Mujeres de Pesca, ya lo advertía: "La campaña de este año está perdida". Toca sanear, sembrar y esperar, con la incertidumbre de no tener soluciones por parte de las administraciones.
Sin ingresos y con deudas
La inactividad es total para muchas familias. "Llevamos desde el 7 de febrero sin trabajar. Y sin ingresar", explica Marisa Seco, mariscadora en Vilanova de Arousa. Ella y su marido, ambos del sector, afrontan pagos mensuales de 532 euros como autónomos sin percibir rentas. La situación les obliga a "tirar del poco que quedó de la campaña de Navidad y ya pidiendo a los familiares".
Llegamos a la conclusión que de este trabajo ya no puedes vivir"
Un pescador recoge mejillones en una batea de mejillones en la Ría de Arousa, en Vilanova de Arousa, Galicia
Un cementerio bajo el agua
El impacto biológico no tiene precedentes. "La salinidad bajó de 30, que es lo normal, a cero. Eso no hay ser vivo que lo resista", detalla Marisa. Este colapso ambiental ha convertido playas productivas en eriales. "Aquello olía a muerte, con toda la carne de la almeja dentro de las conchas abiertas", describe gráficamente. Especies como la almeja babosa han desaparecido por completo, y la fina sigue el mismo camino. Lo poco que queda, como la japonesa o el berberecho, no tiene tamaño comercial.
La campaña de este año está perdida"
Barcos pesqueros en Vilanova de Arousa, Galicia
A la espera de soluciones
Ante esta situación, el sector clama por la declaración de zona catastrófica y se siente abandonado. Marisa Seco critica la falta de apoyo inmediato de las administraciones: "A mí que me den la palmadita en la espalda y me digan 'lo estamos mirando', pues muy bien, pero, ¿cuándo?". Como ella misma sentencia, la desesperación es tal que "llegamos a la conclusión que de este trabajo ya no puedes vivir". Entienden la necesidad de peritar los daños, pero exigen un "plan de choque" para poder subsistir mientras esperan una solución.
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