Casa Maná: "Pedir ayuda para acompañar a nuestros hijos con conducta suicida no es fallar, es cuidar"
En este mes en que el Papa dedica su intención de oración a la prevención del suicidio, se ha inaugurado esta experiencia pionera en España para atender a jóvenes que han atravesado un intento de suicidio o se encuentran en riesgo
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Su nombre es Casa Maná, y está cerca de Aranjuez, en Madrid. Nace del empeño de la Fundación Acrescere por cuidar y atender la vida, especialmente donde más duele. No es solo una casa, sino un lugar donde parar, respirar, recuperar esperanza en este Año Jubilar de la Esperanza que estamos casi clausurando. Ofrece, en colaboración con otras personas y entidades, un proyecto integral de acompañamiento, un hogar temporal, donde el dolor se acompaña y desde la profesionalidad y el respeto se recorre un itinerario de recuperación junto a los jóvenes entre 18 y 30 años, incluso menores en el centro de día, que han vivido o se encuentran susceptibles de sufrir una crisis suicida.
La idea nace de las propias familias que viven una experiencia así en la vida de sus hijos y se encuentran con una serie de retos que es mejor afrontar acompañados. Fundación Acrescere recoge el reto de la Asociación Alianza para la Prevención del Suicidio. Blanca Arregui es la directora: «Fundación Acresere forma parte de la Alianza para la Prevención del Suicidio y toma la idea de la petición manifestada por el Teléfono de la Esperanza, que nos transmite la preocupación de las familias, que temen volver a casa con sus hijos o hijas que han tenido un intento de suicidio después de un ingreso hospitalario y que no saben a dónde acudir».
"Vivimos en una época donde la presión comienza demasiado pronto"
Cada vez es más habitual hablar de suicidio o trastornos de salud mental en las generaciones más jóvenes. Verónica Fernández, psicóloga sanitaria de Casa Maná. Ella afirma que no es que lo hayamos normalizado la ansiedad, sino que se produce efectivamente con mayor frecuencia, y en un entorno que no está sabiendo proteger del todo de ello a sus jóvenes: «Vivimos en una época donde la presión comienza demasiado pronto. Los niños, niñas y adolescentes están cargando responsabilidades emocionales, sociales y académicas que muchas veces no corresponden a su etapa vital. Y a esto además le estamos sumando también las redes sociales que los exponen a mundos adultos, a crisis, a comparaciones constantes, sin que exista el soporte emocional necesario».
Blanca Arregui cuenta que no se trata de un recurso hospitalario, sino que el eje de la intervención es que recuperen el sentido de la vida, y para ello trabajan en una vertiente amplio e integral: «Trabajamos desde la logoterapia, y para los que son religiosos desde su religión, sea cual sea. Y además de una forma integral con acompañamiento terapéutico de psicólogas sanitarias y con un acompañamiento para la labor ocupacional, que puede ser estudio o trabajo, y también para la creación a través del arte, de la huerta o de la escritura creativa, para que se sientan útiles y descubran que su vida tiene sentido».
"Lo más importante es estar, escuchar sin juicio, validar su dolor y pedir ayuda profesional"
Una experiencia pionera, atendida por psicólogas, integradoras sociales, que creen verdaderamente en las posibilidades de salir de una etapa que, a veces, se hace difícil. Verónica les manda un mensaje a las familias que viven de cerca esta realidad, un mensaje de esperanza: «Acompañar a un hijo con ansiedad, con autolesiones e incluso con ideación suicida es muy duro, pero al final, la presencia de su familia y amigos a su lado ya es una parte fundamental del proceso de recuperación. No necesitan tener todas las respuestas ni arreglarlo todo. Al final lo más importante es estar, escuchar sin juicio, validar su dolor y pedir ayuda profesional cuando sea necesario. Eso no es fallar, es cuidar. Y aunque ahora mismo parezca imposible, hay salida».
Además, esta Casa se abre más allá de su espacio físico. Salir de Casa Maná no concluye el proceso sino que es el inicio de una etapa nueva, en la que todo lo plantado empieza a florecer, y se riega y cultiva en compañía. Lo explica Verónica: «Al final el acompañamiento continúa, pero ahora con más herramientas, más claridad e incluso más fuerza interna. Hay seguimiento, apoyo y al final también una red que sigue ahí para sostener y guiar. Lo que viene después realmente no es un vacío, sino más bien una oportunidad real de consolidar todos esos cambios que se han realizado, recuperar la esperanza y también construir una vida más segura y más suya».