"Juan Carlos empezó a viajar con el visto bueno de Franco para ganarse la confianza de las grandes democracias del mundo"

Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, detalla en 'Herrera en COPE' cómo en su nuevo libro desgrana las gestiones clave del monarca en el exterior que definieron la Transición y el futuro del país

Paola Albaladejo

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La figura del rey Juan Carlos I fue mucho más que un símbolo durante la Transición; fue un actor clave en la proyección internacional de una España que despertaba de "una larga noche autocrática". Así lo desgrana el historiador Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, en su nuevo libro 'El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España'. En una entrevista con Carlos Herrera en 'Herrera en COPE', Powell ha revelado las complejas gestiones y el liderazgo del monarca para situar al país en el lugar que le correspondía en el mundo, partiendo de una imagen exterior de "una dictadura, un régimen autoritario".

Una labor discreta antes de la Corona

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Incluso antes de ser proclamado rey, entre 1969 y 1975, don Juan Carlos ya trabajaba para cambiar esa percepción. Según Powell, en esa etapa, el entonces príncipe "apenas tenía instrumentos a su alcance" pero, con el visto bueno de Franco, comenzó a viajar para "ganarse la confianza de las grandes democracias del mundo". Su objetivo era claro: preparar el terreno para el ingreso de España en las comunidades europeas, prestando especial atención a Estados Unidos, Francia y Alemania.

En esa estrategia, el autor destaca la importancia de figuras como Richard Nixon, a quien considera "quizás más importante que Kissinger", ya que el expresidente estadounidense veía a España como "uno de los cinco dedos que constituían la mano europea". Aunque Henry Kissinger fue inicialmente "bastante escéptico", con el tiempo se convirtió en un "gran admirador" de don Juan Carlos, ofreciéndole su apoyo a través de canales informales.

Gestiones clave para la democracia y la economía

Las intervenciones del monarca resultaron cruciales en momentos críticos. Powell destaca su papel durante las crisis del petróleo de 1973 y 1979. Gracias a su relación personal con la casa real saudí, especialmente con el rey Fahd, logró que Arabia Saudí garantizara el suministro a España a precios razonables. Esta gestión evitó que la crisis económica en el país "hubiese sido gravísima".

Uno de los hitos de su reinado fue su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos en 1976, calificado por Powell como "el más importante de su reinado" en el exterior. En aquella alocución, don Juan Carlos "manifestó clarísimamente sus intenciones democratizadoras", un mensaje de esperanza para la opinión pública española y una búsqueda de legitimación internacional que, según el historiador, irritó al entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, a quien no se le había mostrado el texto previamente.

EFE

El presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, anuncia la muerte de Franco y lee el último mensaje de este al pueblo español

La adhesión a las comunidades europeas también encontró obstáculos, como la postura del Reino Unido con Gibraltar. El gobierno de Margaret Thatcher amenazó con vetar la entrada de España si no se reabría la verja. Don Juan Carlos, en sintonía con el presidente Felipe González, medió discretamente con las élites políticas británicas con un mensaje claro: "No permitamos que el tema de Gibraltar obstaculice un proyecto mucho más importante, como era el ingreso de España a las comunidades europeas".

Del mismo modo, el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, a lo que el franquismo se oponía, fue impulsado por el monarca. Powell relata que don Juan Carlos convenció a líderes como Anwar el-Sadat en Egipto o el rey Hussein de Jordania, argumentando que "si España no tiene relaciones con Israel, difícilmente puede ayudar a la causa árabe-palestina". Los monarcas árabes pidieron un plazo y finalmente dieron su visto bueno.

Alianzas, cumbres y proyectos a largo plazo

A lo largo de su reinado, don Juan Carlos convivió con siete presidentes, pero su relación con Felipe González fue "la más fructífera". Powell, citando al propio expresidente, menciona las "2.650 horas" que pasaron juntos en audiencias semanales. González procuraba que las visitas internacionales importantes tuvieran acceso al rey, conformando un "tándem extraordinariamente eficaz" basado en la complicidad y una "excelente división de trabajo".

Esta colaboración tuvo su cénit en la Cumbre de Paz de Madrid de 1991, que Powell define como la "última cumbre Estados Unidos-Unión Soviética". Durante una cena privada en la Zarzuela, el rey y González comunicaron a Mijaíl Gorbachov que, según la CIA, su permanencia en el poder era inviable. Gorbachov, en sus memorias, calificaría aquel encuentro como "uno de los encuentros más importantes de toda su vida política".

El historiador también subraya cómo la larga duración de su jefatura de Estado permitió impulsar proyectos de gran calado, como la Expo '92 de Sevilla o los Juegos Olímpicos de Barcelona '92. El propio monarca ya mencionó su deseo de una exposición universal en 1976, mientras que la designación de Barcelona se vio facilitada por el apoyo a Juan Antonio Samaranch para presidir el Comité Olímpico Internacional.

Finalmente, al abordar los errores del rey emérito, Powell asegura que las encuestas demuestran que la opinión pública española es "especialmente crítica en relación con presuntos casos de enriquecimiento personal o de corrupción", más que con los asuntos de su "esfera puramente personal". Según el autor, a un jefe del Estado se le exige una ejemplaridad que explica, en parte, la actitud de ciertos sectores de la sociedad.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.