"Veremos si se acaba el postureo o no y empezamos a interesarnos por la política de verdad, que es la que se hace desde las instituciones"

El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada de este viernes

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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. ¿Qué tal? Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias. Es viernes y ahí está la borrasca Regina dando por el centro, por un lado y por otro, dejando días inestables. Ya llevamos unos cuantos días así, con temperaturas algo más bajas. Yo les decía a las 7 que este tiempo es para sentarse junto a una chimenea y coger una novela como Guerra y paz, la de Tolstói.

Aunque aquí, más bien, estamos con Paz y guerra, la de Pedro Sánchez. Porque primero viene la paz: no a la guerra, no a la enfermedad, no a el desamor, no a la tristeza. Y luego llega la guerra, porque como somos socios de la Unión Europea también hay que defender a la Unión Europea. La fragata más moderna de la Armada española, la Cristóbal Colón, se va a Chipre. ¿Para qué? Para integrarse en el dispositivo de apoyo al país europeo Chipre, que resultó atacado por un misil iraní durante esta guerra.

El buque estaba en el Báltico y se integra ahora en un despliegue naval que lidera Francia. Y así entendemos la llamada: Macron fue el único socio europeo que llamó a Sánchez en estos días. Dice Moncloa que le mostró su apoyo. No, mentira. En realidad fue para pedirle la participación de España en el operativo. Así que Sánchez, que es un cuentista, ha hecho con una guerra tan seria como la de Oriente Próximo lo mismo que con la última reunión de líderes europeos: contorsiones del discurso.

Ahora nos quiere dar una lección magistral sobre el tiki-taka, sobre el catenaccio, sobre la diferencia entre atacar y defender. Pero todo eso son paparruchas. Nosotros vamos allí y no de manera simbólica, sino con nuestro barco más moderno. Además, sin que el Congreso de los Diputados haya sido informado o haya autorizado ese despliegue. El Congreso le importa poco: la única cámara que le interesa es la cámara de televisión.

El problema de esta decisión es la falta de coherencia. Sánchez se pone muy campano para decir “no a la guerra” y así echarle el lazo al progre fanático, al progre tonto, al progre perezoso, al progre que no estaba por la labor. Esto le excita mucho. Pero envía un barco de guerra a la zona del conflicto y sin informar al Congreso. Lo de la fragata es un ejemplo más de la doblez de este sujeto que nos desgobierna: no a la guerra, sí a la guerra; paz y guerra.

No autorizamos el uso de las bases a Estados Unidos, pero según cuenta El Mundo en esta semana se han registrado más de 24 vuelos de aviones americanos desde bases españolas. El truco parece ser que entre que despegan de la base española y actúan en Irán paran antes en otra base. Entonces, claro, ya no salen “directamente” de España. No a la guerra, pero hace seis meses autorizamos sin problema el uso de las bases para bombardeos de instalaciones iraníes.

Defendemos la legalidad internacional, pero cuando Obama pulverizó a Bin Laden en Pakistán y tiró sus restos al mar el PSOE dijo que aquello era un avance para la seguridad del mundo. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿De qué depende el “no a la guerra” de la izquierda? ¿De las encuestas o de la posición política del presidente americano? Si la guerra la hace Obama es buena; si la hace Trump es mala.

Si la operación militar la lidera Francia, no preguntamos. Parece que la guerra cuando se habla en francés ya no es guerra. Pero si la lidera el pérfido Trump nos oponemos de forma pública y explícita, buscamos deliberadamente la teatralidad y el conflicto con el presidente americano. Sánchez ha montado este número porque sabe que la gente normalmente está contra la guerra.

Eso se refleja en dos encuestas que publican El Mundo y El País. A ningún país de Europa le ha gustado esta guerra. Ayer Meloni dijo que Italia no va a participar, pero Meloni no ha ido al choque con Trump. Solo Sánchez, porque así colecciona portadas de prensa internacional: la némesis de Trump y todo eso. Para el progre fanático es un héroe.

Con el tiempo esas portadas servirán para envolver pescado y España estará todavía tratando de restablecer una confianza rota con nuestro principal aliado. Puede que Estados Unidos no bloquee el comercio con España —no es tan sencillo—, pero con que no colabore en seguridad e inteligencia ya nos abre un agujero. Ayer Trump criticó a España, nos llamó perdedores.

Bueno, vamos a ver. Señor Trump, muchas gracias. Pero una cosa somos los españoles —de los que hay de todo— y otra cosa es el individuo que preside el Gobierno. Ayer se produjo además una ceremonia de confusión verdaderamente vergonzosa. Con tal de que Sánchez pudiera hacerse el antitrumpista, a pesar de que estamos colaborando como todo el mundo, vimos mentir a una ministra de Defensa como Margarita Robles.

Robles negó que la portavoz de la Casa Blanca dijera que España iba a colaborar porque previamente se lo hubiera comunicado el embajador de Estados Unidos. Pero los horarios no cuadran. El embajador salió de su reunión con Robles a las 18:35 y la portavoz habló a las 19:10. Tiempo más que suficiente para que el embajador llamara a Washington y dijera que España colaboraba y que lo demás era un paripé.

Yo no sé exactamente qué le dijo Robles al embajador, pero seguramente dijo cosas que él interpretó como colaboración. Tampoco es un diplomático especialmente experimentado. Luego salió Álvarez con el cuello de Napoleonchu a desmentirlo todo. Pero los sanchistas están encantados de haberse conocido, porque ya tienen lo que querían: que Trump nos falte al respeto llamándonos perdedores.

Óscar Puente se pone la bandera española en el perfil de Twitter, con todo lo que se han reído de quienes llevan la banderita española en la pulsera. En fin. Y en Extremadura concluye con derrota el primer intento de investidura de María Guardiola. Vox ha anunciado que votará en contra de la candidata que ganó con el 43 % de los votos.

A veces nos perdemos en el tacticismo del día a día, en las negociaciones y en los detalles, pero conviene volver a los fundamentos. Cuando alguien gana con el 43 % de los votos, aunque no tenga mayoría absoluta, lo democrático, lo razonable y lo sensato es dejarle gobernar. Cualquier otra postura es difícil de justificar.

Vox tiene los votos para bloquear la política extremeña e incluso para forzar una repetición electoral. De momento, en vez de actuar como partido de gobierno está actuando como partido de bloqueo. Está en su derecho, claro, pero es difícil pensar que puede haber una alternativa al sanchismo cuando solo se está en la táctica y no en la negociación de soluciones.

Ahora se conoce que hay que esperar a las elecciones de Castilla y León. Veremos entonces si se acaba el postureo o no y empezamos a interesarnos por la política de verdad, que es la que se hace desde las instituciones.