"Teherán ha cerrado el tráfico en el estrecho de Ormuz y eso traerá consecuencias para el precio del petróleo que usted y yo vamos a pagar"
El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada del día
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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. Es martes 3 de marzo de 2026. Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias, y no sé si ustedes saben que estamos en guerra. Dice: “¿Pero nosotros aquí en España, en guerra?”. No. El mundo está en guerra. Hay una guerra que es casi global o, mejor dicho, de lo que se trata es de evitar que se convierta en una guerra global, que es lo que empieza a parecer.
Podría haber sido una guerra fácil de distinguir, como les contaba a las siete: anglosajones y judíos por un lado contra los persas chiíes por otro. Pero es que también hay chiíes contra suníes, porque Irán está bombardeando a todos los países musulmanes en su zona, en el Golfo Pérsico. Y lejos de amainar, todo esto se extiende por más países.
Los misiles iraníes se han intensificado, lógicamente, contra Israel, que es el gran Satán de esta gente, pero también contra Qatar y Arabia Saudí, viejo rival de años y años, además con un enfrentamiento religioso muy serio. Teherán ha asegurado que ha cerrado el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y eso, efectivamente, va a traer consecuencias para el precio del petróleo mundial que usted y yo vamos a pagar de una manera u otra.
Por ahí pasa el 20 % del petróleo mundial. El petróleo acumula una subida del 10 % en los mercados internacionales y el gas, que también sale en buena parte por ahí, cerca de un 40 %. Trump ha provocado un incendio brutal en esa zona del mundo, que de por sí ya es un polvorín, y lo ha hecho en colaboración con su viejo amigo de Israel y con el apoyo, incluso la petición urgente, por parte de Arabia Saudí y otros países árabes de la zona.
Ayer, como Donald Trump dice muchas cosas en poco tiempo y algunas pueden ser contradictorias, hay que atenerse a lo último. No descarta mandar soldados sobre el terreno y que la guerra dure mucho, cosa que algunos analistas no se acaban de creer porque, entre otras cosas, tiene elecciones de medio mandato dentro de poco y necesita ir a esas elecciones con éxitos militares, no con guerras abiertas ni con soldados americanos muriendo en Oriente Próximo.
No quiso fijar un plazo para la operación militar, pero se abren grandes incógnitas. ¿Cuánto va a durar el ataque americano? ¿Cuánto va a poder resistir Irán? ¿Cuánto pueden aguantar los mercados la incertidumbre? ¿Cuánto tiempo puede estar cerrado el estrecho de Ormuz? De esa variable dependerá que estemos ante una crisis más o menos limitada o ante una seria amenaza de recesión.
Los mercados, de momento, pese a la volatilidad del precio de algunos productos como el gas, parecen apostar por un escenario limitado en el tiempo, pero ya veremos. Lo que va a durar más, mucho más que esta operación militar, va a ser el descrédito de España en el ámbito internacional.
Hoy es un día para felicitar a Pedro Sánchez porque por fin ha conseguido lo que quería: ser el referente mundial del antitrumpismo. Sánchez no pierde ocasión de situar a nuestro país contra el consenso de nuestros socios. Ayer negó públicamente a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón para utilizar material norteamericano en la operación contra Irán, porque él trabaja para alimentar su imagen como pacifista, defensor del derecho internacional y tal y cual.
Eso pone muy excitada a Susan Sarandon o le gusta mucho a George Soros, y le dedican piropos, y a él se le hinchan las coronarias. Por cierto, lo de las visitas al hospital me parece que tiene más que ver con algún TAC de coronarias, porque debe de ser un hipocondríaco de narices: cada vez que le entra un dolor en el pecho, TAC de coronarias.
A lo que íbamos: las consecuencias las vamos a sufrir los españoles. No es que a él le llamen “Dirty Sánchez”, como le llamó Elon Musk. Él entra en éxtasis cuando le llaman Dirty Sánchez personajes como Elon Musk. El problema es que ya no cuentan con él para nada en reuniones diplomáticas ni en nuevas estrategias. No le convocan a reuniones restringidas.
Ahí están Francia y Alemania, que anunciaron un acuerdo para poner en marcha un programa de disuasión nuclear. Varios países ya se han sumado. España está en otras cosas. El problema no es solo que no sea fiable, ni que nos quiera proteger de posibles represalias del terrorismo iraní. No lo ha hecho por eso.
Eso de que es una decisión inteligente porque evita posibles atentados islamistas, no. Primero es una actitud cobarde y, por supuesto, desleal con sus socios de la OTAN. El problema es que el PSOE, primero con Rodríguez Zapatero y ahora con Sánchez, impide que España sea un socio fiable para los países occidentales.
Este Gobierno está en las antípodas no solo de Trump, sino de los dirigentes socialdemócratas de todo el mundo, desde Canadá hasta Dinamarca. Todos tienen muy claro que entre Estados Unidos e Irán no hay distancia posible, no solo por razones éticas, sino por el interés de sus países.
Si mañana Marruecos, que es el nuevo mejor amigo de Washington, decide ocupar Ceuta y Melilla, ¿qué hacemos? ¿Quién nos va a ayudar? ¿Estados Unidos? ¿Con qué entusiasmo van a salir los socios europeos en nuestro apoyo? Vaya usted a saber.
Se le notan las ganas a Sánchez de contradecir a Trump, aunque eso suponga dar la cara por un régimen abominable como el iraní, aunque él no quiera decir que lo está defendiendo. Ayer en el Senado compareció Rodríguez Zapatero y no le fue bien. No llegó mal preparado, pero acabó a la defensiva y pidiendo amparo al presidente de la comisión porque el senador del Partido Popular hizo un buen trabajo.
Zapatero desmintió algunas declaraciones exageradas, como que dio un chivatazo a su amigo de Plus Ultra, Julio Martínez, sobre investigaciones en marcha de la UDEF. Desmintió que tenga una mina de oro en Venezuela, pero no pudo despejar las sospechas sobre su relación con una empresa instrumental formada por amigos, con el asesoramiento de Javier de Paz.
Quiso aprovechar su comparecencia para hacer un alegato en defensa de Puigdemont y de Bildu. ¿Por qué? Pues porque a Sánchez le importa mucho Puigdemont, que es quien puede mantenerle en el poder. Un golpista huido de la justicia, según él, hombre ejemplar. Y Bildu, ejemplares luchadores por la paz.
Lo que pretendía era que esa fuera la noticia y no sus relaciones con Plus Ultra. Y, en fin, todo lo que sucede con Bildu en el mando de la política española tiene mucho que ver con Rodríguez Zapatero. No negoció la derrota de ETA, que ya estaba derrotada; encontró la forma de que aceptaran la derrota dejándoles el relato en bandeja y convirtiéndolos en actores clave de la política española.
Pero esa es otra cuestión y no nos metamos ahora en ella, que ya volveremos.