"Hace cuatro años, el PP le sacó 16.000 votos al PSOE y ayer consiguió una ventaja de casi 60.000; Mañueco seguramente ha dormido satisfecho"

El director de 'Herrera en COPE' analiza los resultados electorales de Castilla y León

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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. ¿Qué tal están? Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias y ya ven, claro, lógicamente hoy estamos atendiendo a la noticia que se cocía ayer. Bueno, ayer digamos que acababa ya el puchero de haberse cocido en la olla durante todos estos días con las elecciones en Castilla y León. Hoy es un día en el que predomina el sol en buena parte de la península.

Estas elecciones en Castilla y León se planteaban como la tercera estación de penitencia electoral para el PSOE y ha terminado, como suelen terminar estas cosas, con una realidad evidente. Con pequeños matices a los que algunos tratan de agarrarse, pero los datos puros y duros dicen que el Partido Popular ganó ayer con autoridad las elecciones celebradas en Castilla y León. Fernández Mañueco, que es el más discreto de los varones autonómicos del PP, le ofreció a Feijóo una victoria bastante significativa.

¿Por qué? A lo mejor es mejor conocer los resultados y luego entramos en valoraciones. Vamos. El PP gana las elecciones con el 35 % de los votos y 33 procuradores. El PSOE sigue con el 30 % de los votos y 30 procuradores. Vox con el 19 % y 14 escaños. Se mantienen en las Cortes los partidos localistas: Unión del Pueblo Leonés, Por Ávila y Soria Ya.

Uno con tres, otro con un escaño y otro con otro escaño. Y desaparece del Parlamento la extrema izquierda. No entra Sumar con Izquierda Unida y desaparece Podemos. Y destaca de las elecciones de ayer el aumento de la participación en casi tres puntos. Con esa participación el bloque de la derecha estaría en el 54 % de los votos.

Quiero decir que caben pocas dudas en decir que el PP es vencedor indiscutible en términos absolutos y relativos. ¿Por qué? Es el partido que más sube, sube más de cuatro puntos y gana a sus dos rivales. Frena la racha de Vox, que parecía imparable, y mejora sustancialmente respecto al PSOE.

Porque hace cuatro años le sacó poco más de 16.000 votos y ayer consiguió una ventaja de casi 60.000 votos. Y luego le arrebatan provincias: Valladolid, Burgos y Palencia. Así que Mañueco seguramente hoy ha dormido satisfecho. Los socialistas pierden, pero una derrota, digamos, muy dulce.

Porque no tiene nada que ver con la debacle de Extremadura y de Aragón. ¿Por qué? Por varias razones. Primero porque el candidato es un candidato presentable, es un candidato experimentado que ha hecho buena gestión en su ciudad, Soria, como alcalde durante muchos años. No es un claro perfil sanchista.

Es el menos sanchista de los posibles y eso seguramente ha sido determinante. Y además ha tenido suerte con una mejora muy modesta en votos, del 0,7 %, pero consigue dos escaños más, los mismos que mejora Mañueco con más de cuatro puntos de mejora. Por esas cosas de los restos electorales de las que tantas veces les hemos hablado.

Pero se queda lejos de la remontada que los socialistas vendieron al final de la campaña. Los populares han abierto distancia respecto al PSOE, tanto en número de votos como en implantación territorial. Esto contrasta con lo que decían algunas encuestas. Las encuestas profesionales serias frente a las golfadas del golfo de Tezanos en el CIS.

Y de toda la gente del CIS que trabaja con Tezanos, que yo no sé si no le da vergüenza, si no se le cae la cara de vergüenza. Porque ahí hay gente técnica que es solvente. ¿No se os cae la cara de vergüenza de coparticipar con este golfo en amaños para ver si así convencéis a parte de la población de que vote a su adorado Sánchez? ¿No os da vergüenza, trabajadores del CIS?

Bueno, ¿y Vox qué pasa? Vox sube, pero solo un escaño. ¿Por qué? Aquí ya si quieren ustedes habrá que ponerse a pensar mucho porque habrá todo tipo de explicaciones. Digamos que las expectativas de Vox eran tremendas: llegar al 20 %, subir cuatro o cinco escaños.

Bueno, quizá ha sido castigado el partido de Abascal porque alguno de sus votantes entienda que no se están haciendo bien las cosas en la gestión de los gobiernos que deben formarse ya en Extremadura y en Aragón. Poco, ya les digo, no llegaron al 20 %. Y Unión del Pueblo Leonés y Por Ávila se mantienen.

Soria Ya sufre un descalabro en beneficio del PSOE. ¿Por qué? Pues porque Carlos Martínez, el candidato del PSOE, tiene mucho tirón en su provincia. Es decir, ahí le quieren y es bien normal que le voten. Claro. Con lo cual, ¿qué pasa después de esto?

Pues que las elecciones ya van a tener que desbloquear los pactos pendientes en Extremadura y Aragón. Si ahora Feijóo y su gente se pueden sentar con un ánimo diferente después de lo que pasó ayer en Castilla y León, que estamos ante un cambio de tendencia, pues a lo mejor es prematuro decirlo.

Pero indudablemente este resultado enfría un poco la euforia de Vox. La saga de las elecciones celebradas hasta ahora lo que muestra es el crecimiento de esta formación política, pero también su techo. Vox está muy lejos, muy lejos de amenazar la hegemonía del Partido Popular.

Muy lejos de hacerlo en el bloque de la derecha. Del mismo modo que los populares asumieron hace tiempo que no van a volver a aquellos tiempos de mayorías absolutas. Es imposible. Con un partido que complementa tu espectro ideológico y que obtiene el 16, 17 o 18 % de los votos.

Vamos, tienes que ser Superman. Y Superman se queda en nada. Ahora Santiago Abascal debe asumir su papel secundario en la formación de mayorías y desbloquear situaciones como las que está manteniendo en lugares como Extremadura y Aragón.

Algunos dirán: “Bueno, pero entonces han encontrado la fórmula de parar a Vox”. ¿En qué consistía esa fórmula? Pues miren, hay otro varón del PP con un éxito acreditado en esa disciplina. Es el gallego Alfonso Rueda.

En Galicia Vox ni siquiera tiene representación. Me parece que Mañueco ha sabido vender su gestión, hacer creíbles sus llamamientos a la estabilidad cuando a priori parecía una víctima propiciatoria del fervorín de los de Abascal y Vox.

Claro, también Vox tiene que hacer su análisis delicado de los resultados porque hasta ahora parecía que nadie les hacía daño, pero ayer se ha demostrado que también tienen límites. Acaso hayan sido sus problemas de gestión durante el poco tiempo que estuvieron en el gobierno.

Las purgas internas, que también cuentan, la negativa a pactar los gobiernos de Extremadura y Aragón y luego la fuga de algunos votos al partido de Alvise, que es otra de las cosas más inútiles que hay por ahí.

Pero lo cierto es que Vox ha pinchado respecto a las expectativas. Y el PSOE, a pesar de la derrota, gana algo de oxígeno. Sánchez se apuntará a un éxito, aunque el candidato no era nada sanchista.

Considerará su apuesta a la guerra. Y ahora, con las andaluzas en el horizonte y un riesgo de anticipo de catalanas, se van a multiplicar las cábalas sobre un adelanto electoral.

En eso Sánchez tiene mucha habilidad para encontrar el hueco. Ha influido mucho el “no a la guerra” en esto. La verdad es que parece que poco. Los gurús de Moncloa creen que los efectos de la guerra se van a notar más en la campaña de las andaluzas.