"Hemos excluido el genocidio o el exterminio, el desplazamiento del otro; pero en la esfera pública es normal que en el ámbito de las instituciones se excluya a la gente"

La negativa a debatir con ciertas figuras y las llamadas a "barrer fachas" avivan la discusión sobre los límites del diálogo en la esfera pública. Tema que aborda el profesor de Ética Ricardo Calleja

EDUARDO PARRA

Vista del hemiciclo de las Cortes Generales, en el Congreso de los Diputados

Redacción digital

Madrid - Publicado el

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La pregunta sobre si podemos convivir con los que piensan distinto ha cobrado nueva intensidad en el debate público español. Dos posicionamientos recientes han avivado la polémica: la negativa del premio Nadal David Uclés a compartir un evento sobre la Guerra Civil con figuras como José María Aznar o Iván Espinosa de los Monteros, y las declaraciones de la eurodiputada de Podemos, Irene Montero, llamando a "barrer de fachas y de racistas este país". Este complejo escenario ha sido analizado en 'Herrera en COPE' por el profesor de Ética Ricardo Calleja, en ‘Laboratorio de ideas’.

Los límites de la exclusión en democracia

Ante la cuestión de si es aceptable excluir a personas o ideas del espacio público, Ricardo Calleja ha señalado que la política existe precisamente porque "hemos excluido el genocidio o el exterminio". Sin embargo, ha matizado que en la esfera pública "siempre se excluye gente". Ha mencionado el caso de las "democracias militantes", como la alemana, que ponen "una restricción al rango de ideas" que se pueden defender. Aunque España no se ha configurado constitucionalmente así, ha habido pasos en esa dirección, como la Ley de Partidos para "evitar la apología del terrorismo".

Calleja sostiene que determinar qué ideas no deben tener sitio en la vida pública es una "cuestión de prudencia, de ponderación", donde no hay reglas infalibles. "En estas decisiones políticas que son prudenciales nos podemos equivocar", ha afirmado, reconociendo la dificultad de acertar siempre. Lo primero, según el profesor, es exigir que se "respeten las reglas del juego" y no se promueva la alteración del orden público por medios ilegales.

En estas decisiones políticas que son prudenciales nos podemos equivocar"

Ricardo Calleja

Profesor de Ética

Diálogo, ¿blanqueamiento o ciudadanía?

Jorge Bustos ha planteado el frecuente abuso del término "blanqueamiento" para acusar a quienes dialogan con personas de ideas opuestas. Para Calleja, "dialogar con alguien no es darle la razón", pero sí implica "darle carta de ciudadanía a esas ideas", considerarlas "al menos razonables". Ha recordado la frase de Aristóteles sobre que quien defiende pegar a su madre "no merece un argumento, sino una azotaina", aplicándola al ámbito educativo, pero ha defendido que en la esfera pública es preferible "escenificar la posibilidad del encuentro", aunque parezca imposible.

Claves para salir de la espiral de polarización

Como receta para salir de la espiral de desencuentros, el profesor de Ética ha propuesto varias claves. En primer lugar, "practicar esto de escuchar, de dialogar, de encontrarse" en el ámbito público por su "efecto de ejemplaridad". En segundo lugar, ha destacado que "el mejor modo de defender la libertad es usarla", animando a expresar las propias ideas en lugar de plegarse a la mayoría o callar por miedo a molestar.

Por último, Calleja ha introducido un concepto más controvertido: "el poder civilizador de la patada en la espinilla". Ha explicado esta idea con una analogía del fútbol sin árbitro: "para que no haya violencia en un partido de fútbol, hay que responder un poco a los empujones" para "ponerle un coste a romper las reglas de juego común". Según él, quienes crispan el debate deben notar que sus acciones tienen consecuencias, no como una amenaza, sino como parte de un juego con reglas iguales para todos.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.